[1] Esta es la hora del Señor Yavé, en que quita de Jerusalén y de Judá todas las provisiones y recursos: las provisiones de pan y las reservas de agua. [2] Las deja sin oficiales ni soldados, sin juez ni profeta; sin adivino ni anciano, [3] sin capitán ni noble, sin consejero, ni sabio, ni artesano o mago. [4] «Les pondré como jefes a unos chiquillos y a unos petulantes para que los manden.» [5] Entre la gente del pueblo pelearán unos con otros, o unos vecinos con otros; el joven le reprenderá al viejo y el hombre sin apellido al noble, [6] pues cada cual querrá obligar al otro o a su mismo hermano, diciéndole: «Tú tienes una manta, ¿por qué no aceptas ser nuestro jefe y nos sacas así de esta ruina?» [7] Aquel día cada cual se excusará: Yo no soy ningún médico, ni tengo en mi casa pan ni manta, no me pongan como jefe del pueblo.» [8] Sí, Jerusalén se viene abajo, y se hunde Judá, a causa de sus palabras y hechos, pues a la vista de Yavé han desafiado su gloria. POBRE DEL MALO, PORQU...
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