Marcos 5:1-20

[1] Llegaron a la otra orilla del lago, que es la región de los gerasenos. [2] Apenas había bajado Jesús de la barca, un hombre vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, pues estaba poseído por un espíritu malo. [3] El hombre vivía entre los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. [4] Varias veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y hacía pedazos los grillos, y nadie lograba dominarlo. [5] Día y noche andaba por los cerros, entre los sepulcros, gritando y lastimándose con piedras. [6] Al divisar a Jesús, fue corriendo y se echó de rodillas a sus pies. [7] Entre gritos le decía: «¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo! Te ruego por Dios que no me atormentes.» [8] Es que Jesús le había dicho: «Espíritu malo, sal de este hombre.» [9] Cuando Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?», contestó: «Me llamo Multitud, porque somos muchos.» [10] Y rogaban insistentemente a Jesús que no los echara de aquella región. [11] Había allí una gran piara de cerdos comiendo al pie del cerro. [12] Los espíritus le rogaron: «Envíanos a esa piara y déjanos entrar en los cerdos.» Y Jesús se lo permitió. [13] Entonces los espíritus malos salieron del hombre y entraron en los cerdos; en un instante las piaras se arrojaron al agua desde lo alto del acantilado y todos los cerdos se ahogaron en el lago. [14] Los cuidadores de los cerdos huyeron y contaron lo ocurrido en la ciudad y por el campo, de modo que toda la gente fue a ver lo que había sucedido. [15] Se acercaron Jesús y vieron al hombre endemoniado, el que había estado en poder de la Multitud, sentado, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. [16] Los testigos les contaron lo ocurrido al endemoniado y a los cerdos, [17] y ellos rogaban a Jesús que se alejara de sus tierras. [18] Cuando Jesús subía a la barca, el hombre que había tenido el espíritu malo le pidió insistentemente que le permitiera irse con él. [19] Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti.» [20] El hombre se fue y empezó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos quedaban admirados. JESÚS RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO (MT 9,18; LC 8,40)
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