Juan 19

[1] Entonces Pilato tomó a Jesús y ordenó que fuera azotado. [2] Los soldados hicieron una corona con espinas y se la pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una capa de color rojo púrpura [3] y, acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los judíos!» Y le golpeaban en la cara. [4] Pilato volvió a salir y les dijo: «Miren, se lo traigo de nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en él.» [5] Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinos y el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre.» [6] Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del Templo comenzaron a gritar: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilato contestó: «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para condenarlo.» [7] Los judíos contestaron: «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha proclamado Hijo de Dios.» [8] Cuando Pilato escuchó esto, tuvo más miedo. [9] Volvió a entrar en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó palabra. [10] Entonces Pilato le dijo: «¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?» [11] Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado que tú.» [12] Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César; el que se proclama rey se rebela contra el César.» [13] Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús al lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo sentar en la sede del tribunal. [14] Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey.» [15] Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes de los sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el César.» [16] Entonces Pilato les entregó a Jesús y para que fuera puesto en cruz.

JESÚS ES CRUCIFICADO [17] Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota. [18] Allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús. [19] Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús el Nazareno, Rey de los judíos.» [20] Muchos judíos leyeron este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la ciudad. Además, estaba escrito en hebreo, latín y griego. [21] Los jefes de los sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas: "Rey de los Judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos".» [22] Pilato contestó: «Lo que he escrito, escrito está.» [23] Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron: [24] «No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados.

ULTIMAS PALABRAS DE JESÚS [25] Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. [26] Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» [27] Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa. [28] Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura. [29] Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios. [30] Jesús probó el vino y dijo: «Todo está cumplido.» Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.

LE ABRIÓ EL COSTADO Y SALIÓ SANGRE Y AGUA [31] Como era el día de la Preparación de la Pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz durante el sábado, pues aquel sábado era un día muy solemne. Pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los crucificados y retiraran los cuerpos. [32] Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con Jesús. [33] Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas, [34] sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua. [35] El que lo vio da testimonio. Su testimonio es verdadero, y Aquél sabe que dice la verdad. Y da este testimonio para que también ustedes crean. [36] Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso. [37] Y en otro texto dice: Contemplarán al que traspasaron. [38] Después de esto, José de Arimatea se presentó a Pilato. Era discípulo de Jesús, pero no lo decía por miedo a los judíos. Pidió a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús y Pilato se la concedió. Fue y retiró el cuerpo. [39] También fue Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús, llevando unas cien libras de mirra perfumada y áloe. [40] Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, según la costumbre de enterrar de los judíos. [41] En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie todavía había sido enterrado. [42] Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús.


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[1] Pilato era culpable al condenar a Jesús; pues, habiendo oprimido y explotado sin vergüenza a los judíos, temía las denuncias que se hicieran al César en contra de él. La condenación de Jesús, sin embargo, significaba para él solamente la muerte de un judío más; él no cargaba con toda la culpa, pues ese tipo de justicia era la consecuencia del sistema colonial romano. El sumo sacerdote Caifás, en cambio, había entregado a Jesús con toda lucidez, después de condenar sus palabras y sus actos, y por eso, tenía mayor pecado (11).No tenemos más rey que el César (15). Así vociferó la muchedumbre impulsada por sus jefes, aunque odiaban a los romanos y a su emperador. (en este texto el nombre de César no designa al que la historia recuerda como Julio César, muerto antes que Jesús; el «César» o sea emperador de aquel tiempo era Tiberio, como en Lc 3,1). Juan ve algo prófetico en estos gritos del pueblo, pues algunos años más tarde los judíos no tendrían más rey que el César, y serían exterminados por él, después de haber rechazado a su verdadero Rey y Salvador. Pilato pensaba salvar la vida de su preso al presentarlo desfigurado, pero al presentarles un rey humillado, ofendía al pueblo oprimido y no podían más que rebelarse.


LA MADRE DE LOS CREYENTES
[25] En el momento de la caída del hombre, junto a Adán estuvo Eva. Ahora, en el momento de la restauración, o sea, de la segunda creación, otra mujer está junto al Hijo del Hombre, el Adán verdadero (Rom 5,14). María no tiene esposo ni hijos que la puedan acoger y, para los judíos, es como una maldición para una mujer el que se quede sola. Jesús confía María a Juan, y también Juan a María. Así lo entiende Juan, que atestigua haber oído ambas frases. Nótese que escribe: Jesús dijo a la Madre, y no: a su madre. Es éste un nuevo gesto simbólico de Jesús. María será la madre de los creyentes. En efecto, en esta última actuación de Jesús, la Iglesia descubrió algo del misterio de la vida cristiana. El creyente es miembro de una familia espiritual; y como para crecer normalmente el niño necesita de un padre y de una madre, así el creyente precisa de María y del Padre celestial. Esta es una doctrina constante de la Iglesia, que no pretende con ello nivelar la criatura con el Creador. Dios tenía sus motivos cuando nos dio una madre; si es una desgracia para un hijo no haber conocido a su madre, lo mismo es para un creyente cuando su religión sólo se expresa en términos masculinos. El creyente que recibe a María en su casa, al igual que Juan, no será un fanático ni un hombre razonador en su fe. Hay una forma de humildad, de paz interior y de devoción sana y sencilla, propia de los que viven en la Iglesia católica y que han sabido abrir sus puertas a María, sin que eso implique echar fuera a Cristo.


[28] Tengo sed. Jesús es torturado por la sed. Pero también tiene sed de que se realice en el mundo el Reino de su Padre. Tiene sed del amor desinteresado de los que tratarán de compartir sus sentimientos y ansias íntimas, y que serán capaces de seguirlo hasta el Calvario. Todo está cumplido. Jesús tomó hasta su última gota la copa de dolor y de humillación que el Padre había puesto en sus manos para que fuera el Salvador que necesitamos. Está cumplida la obra del Hijo de Dios de paso en la tierra, la cual no debía ser menos que una nueva creación del mundo. Está cumplida la existencia terrenal del Hijo de Dios hecho hombre y, de su semilla plantada en la tierra, va a surgir el hombre nuevo. Están cumplidos los tiempos de la religión judía, religión provisoria en que la Ley de Dios ocupaba el primer lugar y nunca se perdía el temor, debido a los pecados no perdonados. Está cumplida una etapa de la historia, en que la humanidad se dejaba arrastrar por sus temores, consciente de una fatalidad que era como sinónimo de su dependencia del espíritu malo. Ahora empieza una nueva etapa de la historia, los tiempos de la nueva alianza de Dios con la humanidad. El Espíritu va a ser comunicado a la Iglesia y por eso Juan dice: Jesús entregó el espíritu, palabra que también significa el don de su Espíritu.


EL SAGRADO CORAZON
[31] . Tanto en la muerte de Jesús como en su vida, hay muchos detalles que permiten comprender mejor su sacrificio, si los leemos a la luz del Antiguo Testamento. La lanzada es la ocasión de que se verifiquen al pie de la letra las palabras del profeta Zacarías referentes al Salvador: Contemplarán al que traspasaron. (Za 12-10). También Juan recuerda una prescripción de la Ley referente al cordero que los judíos sacrificaban para la Pascua: No le quebrarán ni un solo hueso (Ex 12,46). Esa se cumplió en la muerte de Jesús, el cual es la verdadera víctima que reemplaza al cordero pascual. Juan ha presentado a Jesús como el nuevo Templo de los cristianos (cap. 2), y luego como el pan verdadero (cap. 6). Jesús es también el verdadero cordero pascual cuyo sacrificio consigue la liberación del pueblo de Dios. Este tema será marcado muy fuertemente en el Apocalipsis de Juan. También está presente en los discursos y las cartas de los apóstoles. Al instante salió sangre y agua. Los judíos pensaban que sólo con la sangre de sus víctimas podían conseguir el perdón de Dios. Hablando en forma poética, Juan primero, y la Iglesia después, consideran que del costado abierto de Cristo han salido los sacramentos del bautismo y de la eucaristía: agua y sangre. De la cruz brota para nosotros el perdón y la vida nueva. El corazón abierto nos invita a descubrir el amor poderoso y secreto que inspiró toda la vida de Jesús. Los que lo rodearon y convivieron con él verán diluirse y esfumarse con el tiempo sus recuerdos y emociones, pero descubrirán, en cambio, que no hubo palabra, gesto e incluso silencio que no fuera en Jesús expresión del amor de Dios. El corazón abierto origina la devoción al Corazón de Jesús. No debemos perdernos en consideraciones y palabras que expliquen o interpreten la fe; más bien debemos contemplar su amor y dejar que nos transforme, haciéndonos semejantes a él.


[19.38] Jesús acaba de morir entre dos ladrones, y son dos fariseos los que se preocupan por sepultarlo dignamente. José de Arimatea se presentó a Pilato: porque los discípulos no tenían medios para acercarse al gobernador romano. José y Nicodemo son discípulos en secreto, pues al ubicarse Jesús entre la gente del pueblo, a los de mejor posición social se les hacía difícil integrarse a su grupo. Aquí tenemos una muestra de las consecuencias inevitables de una evangelización preferencial de los pobres. Había un huerto. Junto a las murallas de Jerusalén estaba el terreno de las ejecuciones. Este lugar era el de una antigua cantera. En los cantos se habían cavado tumbas, mientras el fondo se rellenaba y pasaba a ser huertos. En el medio sobresalía una roca de unos seis metros de altura, llamada el golgotha, (el calvario, en latín), lo que significa «el cráneo». Allí se alzaban las cruces.

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