Lucas 10

Lucas 9 ▬▬▬ Lucas 11

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JESÚS ENVÍA A LOS SETENTA Y DOS DISCÍPULOS

[1] Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en dos delante de él, a todas las ciudades y lugares adonde debía ir. [2] Les dijo: «La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha. [3] Vayan, pero sepan que los envío como corderos en medio de lobos. [4] No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos. [5] Al entrar en cualquier casa, bendíganla antes diciendo: La paz sea en esta casa. [6] Si en ella vive un hombre de paz, recibirá la paz que ustedes le traen; de lo contrario, la bendición volverá a ustedes. [7] Mientras se queden en esa casa, coman y beban lo que les ofrezcan, porque el obrero merece su salario. [8] No vayan de casa en casa. Cuando entren en una ciudad y sean bien recibidos, coman lo que les sirvan, [9] sanen a los enfermos y digan a su gente: El Reino de Dios ha venido a ustedes. [10] Pero si entran en una ciudad y no quieren recibirles, vayan a sus plazas y digan: [11] Nos sacudimos y les dejamos hasta el polvo de su ciudad que se ha pegado a nuestros pies. Con todo, sépanlo bien: el Reino de Dios ha venido a ustedes. [12] Yo les aseguro que, en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad. [13] ¡Pobre de ti, Corazaín! ¡Pobre de ti, Betsaida! Porque si los milagros que se han hecho en ustedes se hubieran realizado en Tiro y Sidón, hace mucho tiempo que sus habitantes habrían hecho penitencia, poniéndose vestidos de penitencia, y se habrían sentado en la ceniza. [14] Con toda seguridad Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que ustedes en el día del juicio. [15] Y tú, Cafarnaún, ¿crees que te elevarás hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el lugar de los muertos. [16] Quien les escucha a ustedes, me escucha a mí; quien les rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.

» JESÚS DA GRACIAS AL PADRE [17] Los setenta y dos discípulos volvieron muy contentos, diciendo: «Señor, hasta los demonios nos obedecen al invocar tu nombre.» [18] Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. [19] Miren que les he dado autoridad para pisotear serpientes y escorpiones y poder sobre toda fuerza enemiga: no habrá arma que les haga daño a ustedes. [20] Sin embargo, alégrense no porque los demonios se someten a ustedes, sino más bien porque sus nombres están escritos en los cielos.» [21] En ese momento Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu voluntad. [22] Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos; nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; nadie sabe quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera dárselo a conocer.» [23] Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! [24] Porque yo les digo, que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.

» EL BUEN SAMARITANO [25] Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?» [26] Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella?» [27] El hombre contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.» [28] Jesús le dijo: «¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás.» [29] El otro, que quería justificar su pregunta, replicó: «¿Y quién es mi prójimo?» [30] Jesús empezó a decir: «Bajaba un hombre por el camino de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron hasta de sus ropas, lo golpearon y se marcharon dejándolo medio muerto. [31] Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote; lo vió, tomó el otro lado y siguió. [32] Lo mismo hizo un levita que llegó a ese lugar: lo vio, tomó el otro lado y pasó de largo. [33] Un samaritano también pasó por aquel camino y lo vio; pero éste se compadeció de él. [34] Se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que él traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo. [35] Al día siguiente sacó dos monedas y se las dio al posadero diciéndole: «Cuídalo, y si gastas más, yo te lo pagaré a mi vuelta.» [36] Jesús entonces le preguntó: «Según tu parecer, ¿cuál de estos tres fue el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?» [37] El maestro de la Ley contestó: «El que se mostró compasivo con él.» Y Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo.

» MARTA Y MARÍA [38] Siguiendo su camino, entraron en un pueblo, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. [39] Tenía una hermana llamada María, que se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra. [40] Mientras tanto Marta estaba absorbida por los muchos quehaceres de la casa. A cierto punto Marta se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para atender? Dile que me ayude.» [41] Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, tú andas preocupada y te pierdes en mil cosas: [42] una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.»

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[1] Lucas recuerda aquí una misión de los Setenta y dos (o de los Setenta), después de la de los Doce (9.1). Los apóstoles eran doce, conforme al número de las tribus de Israel; la cifra de setenta aludía entonces a las naciones paganas. Esta misión, pues, prefigura la tarea que incumbe a la Iglesia hasta el fin del mundo: evangelizar a las naciones (Mt 28,19).Cuando la Iglesia está presente en algún lugar desde hace ya bastante tiempo, tenemos tendencia a creer que todo el mundo ha tenido la oportunidad de recibir el Evangelio y que ya no es necesaria una misión o que ya no es posible; Jesús nos invita a plantearnos la pregunta. Cuando se visitan las casas, en primer lugar se debe dar la paz, o sea, llegar como amigo de parte de Cristo y de su Iglesia, con tiempo para escuchar a los que se visita y conocer sus inquietudes. Sólo así se les podrá dar una respuesta buena y se les podrá decir: el Reino ha llegado a ustedes, o sea, aunque tengan mil problemas, crean que Dios se ha acercado hoy. Este es el momento para reconciliarse con los hermanos y vecinos, deponer las amarguras y confiar en que Dios va a solucionar, a su manera, lo que supera nuestras fuerzas. Sanen a sus enfermos (9). Ver lo que se dice más abajo. Muchos de los que reciben alegremente a los que les anuncian la Palabra no se integrarán en una comunidad cristiana. Pero no por eso se ha perdido el esfuerzo de los misioneros, pues tales personas recordarán ese paso del Señor y vivirán con más fe su vida diaria. En todo caso, siempre habrá algunos a quienes el Señor tocará el corazón en esa ocasión y que llegarán a ser miembros activos de su Iglesia. No se detengan a visitar a conocidos (4). Los misioneros pierden pronto sus alas si se quedan conversando o piden hospitalidad a amigos que no han acogido el Reino. Que cuenten más bien con la Providencia del Padre, el que les abrirá el corazón y la casa de aquellos que escuchan la Buena Nueva. La misión sirve tanto para formar a los misioneros como para despertar a los que son visitados. Jesús formó a sus discípulos, no sólo dándoles charlas, lo que es muy fácil, sino enviándolos a hacer misión.

SANAR A LOS ENFERMOS

Sanen a los enfermos, dice Jesús. El no vino a dar la salud a todos los enfermos, sino a traernos la salvación. Y somos salvados mediante el sufrimiento y la cruz. Los enviados de Jesús no pretenden sustituir a los médicos; no proclaman la fe como un medio para ser sanado, pues sería rebajarla. Pero ofrecen la «sanación» a los que todavía no han descubierto que el Reino de Dios y su misericordia han venido a nosotros. Donde hay una comunidad cristiana, ésta debe atender y visitar a los enfermos como un signo de que es la familia de todos y se preocupa por todos. El amor demostrado por el que lo visita, alienta al enfermo, le produce alegría y agradecimiento y, por eso mismo, lo dispone a una renovación profunda y al perdón de los pecados. Ver también Santiago 5,13.En la primera carta a los Corintios 12,9, Pablo habla de los diversos dones que el Espíritu da a la comunidad cristiana, y distingue el don de hacer milagros y el de sanar a enfermos. Posiblemente este último don corresponde a una disposición natural que se tenía ya antes.

[7] Jesús da gracias en nombre de los Setenta y dos, y de todos los misioneros que los seguirán. ¿Qué son estas cosas (21) que Dios ha revelado a los pequeñitos, sino la fuerza misteriosa del Evangelio para transformar a los hombres y llevarlos a la verdad? Los apóstoles se maravillan del poder que irradia del Nombre de Jesús (Mc 16,9). Y Jesús enfatiza la derrota de Satanás, el Adversario, padre de la mentira, de las libertades falsas y de las cadenas de oro. Los sabios y entendidos creen saber, pero no saben lo más importante. Pues el Dios del que hablan no es sino una sombra del Dios verdadero hasta que no lo reconozcan en la persona de Jesús. Y tampoco saben adónde va el mundo, porque no ven cómo está actuando el poder de Dios en todos los lugares donde se proclama a Jesús. Los pequeños, en cambio, han entrado en estas realidades. Ayer no más pensaban que eran una generación sacrificada. Pues, de generación en generación, los pequeños se sacrifican por sus hijos o son sacrificados por el poder, que les promete felicidad para los que vengan después. Ellos no vivían para sí mismos, sino que debían preparar el lugar para otros. Pero ahora, los pequeñitos, o sea, los creyentes humildes, ya lo tienen todo si tienen a Jesús, porque todo le ha sido entregado por el Padre. El pequeño vive su fe en cosas modestas, y sabe que nada de sus sacrificios se perderá. Porque Jesús nos da a conocer al Padre y, conociéndolo según la verdad, también compartimos con él su dominio sobre los acontecimientos. Nuestros deseos y nuestras oraciones son poderosos porque hemos llegado a ese centro, desde el cual Dios dirige las fuerzas que salvan a la humanidad; nuestros nombres ya están escritos en el cielo, pues ya hemos entrado a la vida eterna. Evangelizar no es hacer propaganda del Evangelio, sino demostrar la fuerza que tiene para sanar a los hombres de sus demonios. Y para eso no necesitamos caer en el activismo. Debemos reconocer que, en estas cosas, no podemos nada; debemos dar gracias al Padre que nos capacitó para ver, oír y para transmitir su salvación.¡ Felices los ojos...! (23). Dejen de tener envidia a los grandes personajes, a los reyes y profetas de tiempos pasados. A ustedes les ha tocado la parte mejor, a ustedes los que viven hoy y que no son reyes ni profetas.

EL PROJIMO

¿Quién es mi prójimo? (29).El maestro de la Ley esperaba que le asignaran los límites exactos de su deber. ¿A quién tenía que atender? ¿A los de su familia?, ¿a los hermanos de raza?, ¿a otros, tal vez? Es significativo que Jesús concluye su relato con otra pregunta diferente de la primera: ¿Cuál de estos tres fue el prójimo? Es como si dijera: No calcules para saber quién es tu prójimo, sino déjate llevar por el llamado que sientes en ti y hazte prójimo, próximo a tu hermano que te necesita. Mientras consideremos la Ley del amor como una obligación, no será ese el amor que Dios quiere. El amor no consiste solamente en conmoverse ante la miseria del otro. Nótese cómo el samaritano se detuvo a pesar de lo peligroso que era aquel lugar, pagó y se comprometió a costear todo lo que fuera necesario. Más que «hacer una caridad», se arriesgó sin reserva ni cálculo, y esto con un desconocido. En alguna oportunidad, Martin Luther King señalaba que el amor no se conforma con aliviar al que sufre: «Para empezar, nos toca ser el buen samaritano para aquellos que han caído en el camino. Esto, sin embargo, no es más que un comienzo. Pues algún día tendremos que reconocer a la fuerza que el camino a Jericó debe ser hecho de otra manera, para que hombres y mujeres ya no sigan siendo golpeados y despojados continuamente, mientras van avanzando por los caminos de la vida.»Una vez más Jesús nos hace ver que, muchas veces, los que aparecen ser funcionarios de la religión o los que se creen cumplidores de la Ley no saben amar. Fue nada menos que un samaritano, es decir, un extranjero que los judíos consideraban un hereje, quien se hizo cargo del hombre herido.

[38] En la vida de hogar hay cantidad de cosas que parecen necesarias, como limpiar, preparar la comida, cuidar de los hijos, etc. Pero si con todo eso ya no queda tiempo para escuchar a los demás, ¿de qué vale esa vida? Hacemos quizás muchas cosas necesarias para el servicio de Dios y del prójimo, y sin embargo, una sola es necesaria para todos: escuchar a Cristo cuando se hace presente. A Marta no le queda tiempo para estar con Jesús. Jesús da la paz, y no lo recibe quien no lo espera en la paz. Hay una manera de servir y de trabajar febrilmente, en el hogar o en la comunidad, que deja al hombre vacío, y sin embargo Jesús quiere que lo encontremos en nuestro quehacer diario. También nuestra oración podría ser una manera de estar agitado como Marta, cuando alguien se inquieta buscando sus rezos, cuando va multiplicando las palabras, exponiendo cien veces al Señor sus inquietudes, cuando el responsable de la celebración se pone nervioso, preocupado de que el canto o la homilía salgan perfectos...Orar es tomarse el tiempo para escuchar, para meditar en silencio la palabra de Dios, es acallar nuestros deseos para no poner más atención que en Dios, que está presente secretamente, y para unirnos a su voluntad. ¡Qué raro! En ciertas religiones no cristianas la gente aprende a poner su espíritu en paz y silencio, alcanzando una verdadera serenidad, mientras nosotros a veces entramos a la oración con todas nuestras preocupaciones vanas, y después nos vamos de nuevo con ellas. María se sentó a los pies del Señor. Es la actitud tradicional del discípulo, sentado a los pies de su maestro. María escucha junto con los discípulos que la acompañan. Jesús no daba a cada momento instrucción religiosa, pero siendo él La Palabra de Dios, todo lo que dijera era portador de Dios. María se sentía bien allí, y también sabía que su presencia no desagradaba a Jesús. María ha elegido la mejor parte. Ella no hizo más que seguir su instinto, pero Jesús ve más lejos. El no estará allí por mucho tiempo, y de todas maneras, su presencia entre nosotros es siempre breve. María supo aprovechar esos breves momentos en que Jesús podía ser de ella y ella para él, escuchándolo.

[7] Jesús da gracias en nombre de los Setenta y dos, y de todos los misioneros que los seguirán. ¿Qué son estas cosas (21) que Dios ha revelado a los pequeñitos, sino la fuerza misteriosa del Evangelio para transformar a los hombres y llevarlos a la verdad? Los apóstoles se maravillan del poder que irradia del Nombre de Jesús (Mc 16,9). Y Jesús enfatiza la derrota de Satanás, el Adversario, padre de la mentira, de las libertades falsas y de las cadenas de oro. Los sabios y entendidos creen saber, pero no saben lo más importante. Pues el Dios del que hablan no es sino una sombra del Dios verdadero hasta que no lo reconozcan en la persona de Jesús. Y tampoco saben adónde va el mundo, porque no ven cómo está actuando el poder de Dios en todos los lugares donde se proclama a Jesús. Los pequeños, en cambio, han entrado en estas realidades. Ayer no más pensaban que eran una generación sacrificada. Pues, de generación en generación, los pequeños se sacrifican por sus hijos o son sacrificados por el poder, que les promete felicidad para los que vengan después. Ellos no vivían para sí mismos, sino que debían preparar el lugar para otros. Pero ahora, los pequeñitos, o sea, los creyentes humildes, ya lo tienen todo si tienen a Jesús, porque todo le ha sido entregado por el Padre. El pequeño vive su fe en cosas modestas, y sabe que nada de sus sacrificios se perderá. Porque Jesús nos da a conocer al Padre y, conociéndolo según la verdad, también compartimos con él su dominio sobre los acontecimientos. Nuestros deseos y nuestras oraciones son poderosos porque hemos llegado a ese centro, desde el cual Dios dirige las fuerzas que salvan a la humanidad; nuestros nombres ya están escritos en el cielo, pues ya hemos entrado a la vida eterna. Evangelizar no es hacer propaganda del Evangelio, sino demostrar la fuerza que tiene para sanar a los hombres de sus demonios. Y para eso no necesitamos caer en el activismo. Debemos reconocer que, en estas cosas, no podemos nada; debemos dar gracias al Padre que nos capacitó para ver, oír y para transmitir su salvación. ¡Felices los ojos...! (23). Dejen de tener envidia a los grandes personajes, a los reyes y profetas de tiempos pasados. A ustedes les ha tocado la parte mejor, a ustedes los que viven hoy y que no son reyes ni profetas.

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