Marcos 8

LA SEGUNDA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (MT 15,32)

[1] En aquellos días se juntó otra vez muchísima gente, y no tenían nada que comer. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: [2] «Siento compasión por esta gente, pues hace ya tres días que están conmigo y no tienen nada para comer. [3] Si los mando a sus casas sin comer, desfallecerán por el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.» [4] Sus discípulos le contestaron: «¿De dónde podemos sacar, en este lugar desierto, el pan que necesitan?» [5] Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes?» Respondieron: «Siete.» [6] Entonces mandó a la gente que se sentara en el suelo y, tomando los siete panes, dio gracias, los partió y empezó a darlos a sus discípulos para que los repartieran. Ellos se los sirvieron a la gente. [7] Tenían también algunos pescaditos. Jesús pronunció la bendición y mandó que también los repartieran. [8] Todos comieron hasta saciarse, y de los pedazos que sobraron, recogieron siete cestos. [9] Eran unos cuatro mil los que habían comido. Luego Jesús los despidió. [10] En seguida subió a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

¿POR QUÉ ÉSTOS PIDEN UNA SEÑAL? (MT 16,1; LC 12,54)

[11] Vinieron los fariseos y empezaron a discutir con Jesús. Querían ponerlo en apuros, y esperaban de él una señal que viniera del Cielo. [12] Jesús suspiró profundamente y exclamó: «¿Por qué esta gente pide una señal? Yo les digo que a esta gente no se le dará ninguna señal.» [13] Y dejándolos, subió a la barca y se fue al otro lado del lago. [14] Los discípulos se habían olvidado de llevar panes, y tan sólo tenían un pan en la barca. [15] De repente él les hizo esta advertencia: «Abran los ojos y cuídense tanto de la levadura de los fariseos como de la de Herodes.» [16] Se dijeron unos a otros: «La verdad es que no tenemos pan.» [17] Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué estos cuchicheos? ¿Porque no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Están ustedes tan cerrados que, [18] teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen? ¿No recuerdan [19] cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas? ¿Cuántos canastos llenos de pedazos recogieron?» Respondieron: «Doce». [20] «Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántos cestos llenos de sobras recogieron?» Contestaron: «Siete». [21] Entonces Jesús les dijo: «¿Y aún no entienden?

» EL CIEGO DE BETSAIDA

[22] Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron un ciego y le pidieron que lo tocara. [23] Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera del pueblo. Después le mojó los ojos con saliva, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?» [24] El ciego, que empezaba a ver, dijo: «Veo como árboles, pero deben ser gente, porque se mueven.» [25] Jesús le puso nuevamente las manos en los ojos, y el hombre se encontró con buena vista; se recuperó plenamente, y podía ver todo con claridad. [26] Jesús, pues, lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo.

» PEDRO PROCLAMA SU FE (MT 16,13; LC 9,18; JN 6,69)

[27] Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» [28] Ellos contestaron: «Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías o alguno de los profetas.» [29] Entonces Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.» [30] Pero Jesús les dijo con firmeza que no conversaran sobre él. [31] Luego comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley, que sería condenado a muerte y resucitaría a los tres días. [32] Jesús hablaba de esto con mucha seguridad. Pedro, pues, lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. [33] Pero Jesús, dándose la vuelta, vio muy cerca a sus discípulos. Entonces reprendió a Pedro y le dijo: «¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tus ambiciones no son las de Dios, sino de los hombres.

» EL QUE QUIERA SEGUIRME, TOME SU CRUZ (MT 16,24; LC 9,23)

[34] Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. [35] Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará. [36] ¿De qué le sirve a uno si ha ganado el mundo entero, pero se ha destruido a sí mismo? [37] ¿Qué podría dar para rescatarse a sí mismo? [38] Yo les aseguro: Si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la Gloria de su Padre rodeado de sus santos ángeles.»


[1] Algunos piensan que esta segunda multiplicación de los panes sea solamente una repetición de la primera. Es evidente que el hecho mismo de haber transmitido oralmente estos relatos llevó fatalmente a contarlos según el mismo modelo, pero el sentido es diferente. La primera vez, entre Tiberíades y Cafarnaún, es decir, en el centro de la actividad de Jesús en Galilea, la gente había venido a él más numerosa y más exigente: quería aclamarlo como su Libertador (Jn 6). Jesús no lo consiente, pero al caer la tarde multiplica el pan, dándoles un signo de que él es el Mesías anunciado por los profetas. Al día siguiente, Jesús, a su vez, los obliga a definirse en favor o en contra de él, y se produce la ruptura (Jn 6,60).Después viene la gira de Jesús por los límites de Galilea, país de mayoría pagana: ellos también quieren escuchar a Jesús. Y en la otra orilla del lago, la parte oriental, Jesús les ofrece el pan como una comida de despedida, después de que lo han seguido durante dos días por cerros desérticos. Las dos multiplicaciones del pan difieren entre sí, y no solamente por las cifras de los panes y de los participantes. Hay varios detalles que indican que la primera se realizó entre judíos y la segunda en una asamblea de «griegos», o sea, personas de cultura griega, ajenas a la fe de los judíos. Recordemos solamente que el canasto de que habla la primera se refiere al canasto de mimbre rígido, propio de los judíos. Y en la segunda habla de cesto, que es el bolsón plegable de los griegos. El milagro de la multiplicación de los panes (o de las dos multiplicaciones de los panes) ocupa en los evangelios sinópticos un lugar tan importante, que Juan lo desarrolla en su Evangelio, cap. 6. En efecto, ese milagro por el que Jesús manifiesta su poder ante los judíos y los paganos, señala por su amplitud uno de los rasgos esenciales del Mesías: «colma de bienes a los hambrientos» y prepara a los hombres para acogerlo a él, que es el Pan de vida en el banquete de la eucaristía. Ver también comentario de Mt 15,29.


[11] Ver comentario de Mt 16,1.



LOS FARISEOS

Los fariseos no ven los frutos de la predicación de Jesús, no ven el cambio de los hombres que se hacen mejores, no ven las curaciones. Jesús se enfrenta cada día más con los fariseos. Constituían una asociación respetada y pudiente, y era el grupo más respetado en la sociedad judía. Con ellos está la élite del pueblo de Dios que se opone a Jesús. Deberíamos preguntarnos: si Jesús viniera hoy a nuestro mundo, ¿no chocaría de igual modo con muchos que se consideran buenos cristianos y pilares de la Iglesia? Los fariseos tenían una forma de ser religiosos que ha existido siempre y que sigue existiendo. El Fariseo tiene deseos de perfección moral y de promoción social; si bien cree en Dios, cree también mucho en sí mismo y en la seriedad de sus compromisos. Quiere servir a Dios, especialmente guiando y dirigiendo a los demás: al pueblo, a los pecadores, a los que nada saben (Jn 7,49).Muy confiado en su propia libertad y en su «justicia», (deberíamos traducir: sus «méritos») el fariseo se construye un tipo de santidad basado en reglas, ayunos o limosnas, y espera que Dios recompense sus méritos. No quiere deber nada a Dios, y por eso no quiere pecar, para no tener que ser perdonado. Y ahí está precisamente el error del fariseo; porque por muy honrados y bien instruidos que podamos ser, sólo lograremos encontrar a Dios descubriendo nuestra debilidad. Sólo después de experimentar la misericordia de Dios comenzamos a amarlo verdadera y humildemente, y al sentirnos hermanos de los más pobres y pecadores. El fariseo conoce todo lo que se refiere a Dios, pero desconoce la pobreza, que es la que permite acoger a Dios, y desconoce la felicidad que procede de su perdón. Se da cuenta de que tiene las mismas debilidades que los demás, a pesar de ser muy practicante, pero no tiene el medio de superarlas, porque no sabe pedir humildemente a Dios su ayuda. No le queda, pues, otro recurso que salvar las apariencias con una conducta exterior irreprochable, y llega así a ser un hipócrita.


[14] Jesús quiso advertir a sus discípulos que tuvieran cuidado con el espíritu de los Fariseos, pero bastó un detalle material (se habían olvidado de llevar pan), para que lo entendieran todo al revés. Jesús dice: Desconfíen de la levadura de los fariseos. Mateo aclara que, al hablar de levadura, Jesús se refería a las enseñanzas de los fariseos (Mt 16,12). Jesús temía que los apóstoles, siendo gente sencilla, se dejaran impresionar por el prestigio y los conocimientos de los fariseos, sin advertir que construían la religión sobre una base mala. Jesús estaba de acuerdo con los Fariseos en muchos aspectos de su interpretación la Biblia, pero no en el espíritu de muchos de ellos. Y como "maestro" había tomado un camino opuesto al de ellos. En vez de una enseñanza que se transmite desde arriba, él había entrado en un grupo natural de gente muy sencilla y los formaba por la acción. Los hacía reflexionar en lo que veían, en lo que hacían y más aún en lo que Dios hacía con ellos en la medida en que trabajaban con Jesús.


[22] Cuando un ciego de nacimiento recupera la vista, necesita un tiempo de aprendizaje para comprender lo que ven sus ojos y para apreciar las distancias. Por eso Jesús impuso nuevamente las manos al ciego. Lo mismo vale para lo espiritual: Jesús no nos da todo de una vez, sino que la conversión se va realizando por partes. Ni siquiera entres en el pueblo (26). Pues de lo contrario toda la gente habría venido a molestar a Jesús, quedándose boquiabierta para mirarlo y tocarlo. Pero Jesús ha venido para tener un encuentro auténtico con personas responsables.

CRISTO - EL HIJO DEL HOMBRE


[29] Por primera vez, después de convivir varios meses con Jesús, los apóstoles toman conciencia de quién es su Maestro. Tú eres el Mesías. La palabra Cristo en griego tiene el mismo significado que Mesías en hebreo. Ambas pueden traducirse: El consagrado por Dios. Designaban, en forma muy especial, al Salvador que los judíos esperaban. Los apóstoles han descubierto que Jesús es el Cristo, el libertador, pero él les enseña que el Hijo del Hombre debe sufrir mucho. ¿Por qué Jesús se llama a sí mismo Hijo del Hombre, o sea, según un modismo hebreo, «el Hombre»? Por dos razones. En primer lugar porque en una página de la Biblia se habla del Hijo del Hombre, que llegará glorioso de parte de Dios, habiendo recibido de él poder sobre todas las naciones (Dn 7,13). Y también porque Jesús es el Hombre perfecto que lleva sobre sí el destino de la humanidad. Jesús tenía que sufrir, porque tal es el destino de los hombres después del pecado. Debía sufrir y ser rechazado por las autoridades, porque ése es el destino de los que proclaman la verdad entre nosotros. Debía ir voluntariamente a la muerte, porque el sacrificio de sí mismo es el único medio para salvar al mundo.


SABER PERDERSE

[34] Es necesario perderse a sí mismo:- como Abraham, que, siendo ya viejo, partió hacia tierras extrañas.- como Moisés, que aceptó ser jefe de un pueblo irresponsable.- como María, que entró por un camino tan singular, que ya nadie la podría comprender ni ayudar. Deshacernos de esta existencia provisoria para poder renacer de Dios, como lo expresaba el mártir Ignacio, condenado a ser devorado por los leones: «Trigo soy de Dios: sea yo triturado por los dientes de las fieras para convertirme en pan puro de Cristo. Las pasiones están en mí crucificadas, ya no hay fuego carnal que me queme, sino que ha brotado en mí una fuente que murmura y que me dice desde dentro: Ven al Padre.»Tome su cruz. Jesús nos dice que seguirlo a él es seguir el mismo camino que lo llevó a la cruz. Para llegar a nuestra madurez debemos renunciar a nuestra vida,- arriesgarnos por lo que es noble en vez de querer asegurar nuestro porvenir;- buscar un estilo de vida que nos lleve a superarnos en el camino del amor;- aceptar que nuestra vida sea un fracaso, según el modo de pensar de la gente (Lc 17,33; Jn 12,23-25).Tomando nuestra cruz, es decir, cargando libremente con la obediencia y los sacrificios que el Padre nos propone diariamente, encontramos también, ya aquí abajo, algo mucho más grandioso que lo que sacrificamos: la libertad interior y la felicidad verdadera (Mc 10,30).Noten que Jesús dice: de mí, por mí, y no: de Dios, por Dios. Pues Dios ha venido en la persona de Jesús para golpear a nuestra puerta y proponernos compromisos muy concretos. Si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras (38). El creyente que pone en práctica las palabras de Cristo, sin temor al qué dirán, es ferozmente atacado por los mismos que se dicen cristianos. Pues vivimos en medio de gente adúltera, es decir, que sin renegar de Dios con la boca, tiene otro dios al que sirve de hecho (Mt 6,24; Jn 8,42).

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