Marcos 4


EL SEMBRADOR SALIÓ A SEMBRAR (MT 13,1; LC 8,16)
[1] Otra vez Jesús se puso a enseñar a orillas del lago. Se le reunió tanta gente junto a él que tuvo que subir a una barca y sentarse en ella a alguna distancia, mientras toda la gente estaba en la orilla. [2] Jesús les enseñó muchas cosas por medio de ejemplos o parábolas. Les enseñaba en esta forma: [3] «Escuchen esto: El sembrador salió a sembrar. [4] Al ir sembrando, una parte de la semilla cayó a lo largo del camino, vinieron los pájaros y se la comieron. [5] Otra parte cayó entre piedras, donde había poca tierra, y las semillas brotaron en seguida por no estar muy honda la tierra. [6] Pero cuando salió el sol, las quemó y, como no tenían raíces, se secaron. [7] Otras semillas cayeron entre espinos: los espinos crecieron y las sofocaron, de manera que no dieron fruto. [8] Otras semillas cayeron en tierra buena: brotaron, crecieron y produjeron unas treinta, otras sesenta y otras cien. [9] Y Jesús agregó: El que tenga oídos para oír, que escuche.
»
[10] Cuando toda la gente se retiró, los que lo seguían se acercaron con los Doce y le preguntaron qué significaban aquellas parábolas. [11] El les contestó: «A ustedes se les ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera no les llegan más que parábolas. [12] Y se verifican estas palabras: Por mucho que miran, no ven; por más que oyen no entienden; de otro modo se convertirían y recibirían el perdón.» [13] Jesús les dijo: «¿No entienden esta parábola? Entonces, ¿cómo comprenderán las demás? [14] Lo que el sembrador siembra es la Palabra de Dios. [15] Los que están a lo largo del camino cuando se siembra, son aquellos que escuchan la Palabra, pero en cuanto la reciben, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. [16] Otros reciben la palabra como un terreno lleno de piedras. Apenas reciben la palabra, la aceptan con alegría; [17] pero no se arraiga en ellos y no duran más que una temporada; en cuanto sobrevenga alguna prueba o persecución por causa de la Palabra, al momento caen. [18] Otros la reciben como entre espinos; éstos han escuchado la Palabra, [19] pero luego sobrevienen las preocupaciones de esta vida, las promesas engañosas de la riqueza y las demás pasiones, y juntas ahogan la Palabra, que no da fruto. [20] Para otros se ha sembrado en tierra buena. Estos han escuchado la palabra, le han dado acogida y dan fruto: unos el treinta por uno, otros el sesenta y otros el ciento.
» PARÁBOLA DE LA LÁMPARA Y DE LA MEDIDA (MT 10,26; LC 8,16)
[21] Jesús les dijo también: «Cuando llega la luz, ¿debemos ponerla bajo un macetero o debajo de la cama? ¿No la pondremos más bien sobre el candelero? [22] No hay cosa secreta que no deba ser descubierta; y si algo ha sido ocultado, será sacado a la luz. [23] El que tenga oídos para escuchar, que escuche.» [24] Les dijo también: «Presten atención a lo que escuchan. La medida con que ustedes midan, se usará para medir lo que reciban, y se les dará mucho más todavía. [25] Sépanlo bien: al que produce se le dará más, y al que no produce se le quitará incluso lo que tiene.

» LA SEMILLA QUE CRECE POR SÍ SOLA
[26] Jesús dijo además: «Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra, [27] y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. [28] La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último la espiga se llena de granos. [29] Y cuando el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.

» EL GRANO DE MOSTAZA (MT 13,31; LC 13,18)
[30] Jesús les dijo también: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué comparación lo podríamos expresar? [31] Es semejante a una semilla de mostaza; al sembrarla, es la más pequeña de todas las semillas que se echan en la tierra, [32] pero una vez sembrada, crece y se hace más grande que todas las plantas del huerto y sus ramas se hacen tan grandes, que los pájaros del cielo buscan refugio bajo su sombra.» [33] Jesús usaba muchas parábolas como éstas para anunciar la Palabra, adaptándose a la capacidad de la gente. [34] No les decía nada sin usar parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

JESÚS CALMA LA TEMPESTAD (MT 8,18; LC 8,22)
[35] Al atardecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla del lago.» [36] Despidieron a la gente y lo llevaron en la barca en que estaba. También lo acompañaban otras barcas. [37] De pronto se levantó un gran temporal y las olas se estrellaban contra la barca, que se iba llenando de agua. [38] Mientras tanto Jesús dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron diciendo: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» [39] El entonces se despertó. Se encaró con el viento y dijo al mar: «Cállate, cálmate.» El viento se apaciguó y siguió una gran calma. [40] Después les dijo: «¿Por qué son tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe?» [41] Pero ellos estaban muy asustados por lo ocurrido y se preguntaban unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?»





[1] Ver el comentario de Mt 13,1 y Lc 8,4.Marcos nos va ahora a presentar algunas parábolas del Reino de Dios, pues este anuncio de un reino de Dios que comenzaba era la gran novedad del mensaje de Jesús. Se hablaba de vez en cuando entre los judíos de la época de un reino de Dios, pero se lo hacía para decir que devolvería la libertad a su pueblo en la tierra de Israel y que castigaría a todos sus opresores. Jesús en cambio sostiene que Dios viene a reinar en medio de nosotros: el reino está aquí, a la puerta.El sembrador salió a sembrar. Había mucha impaciencia por cosechar los frutos de tantos sufrimientos y sangre derramada bajo la ocupación romana, ¡y Jesús volvía a las semillas!Esa es pues la gran paradoja del Evangelio con la que seguimos topando: el Reino está allí y con él tenemos todo lo que Dios puede dar en este mundo. Pero también es cierto que todo se queda en esperanzas (Rom 9,24). Después de veinte siglos de cristianismo, el Reino es todavía como un campo que se acaba de sembrar. Una parte de la semilla da fruto y se multiplica (8). El que tiene ojos para ver no puede dejar de ver cuántas cosas han nacido del Evangelio y nacen aún doquiera es recibido. El reino se lee en la vida y en los ejemplos de los santos conocidos o desconocidos. Puede la cultura occidental renunciar al Evangelio, pero eso no quita que haya nacido de su dinamismo. El Evangelio está detrás de todo lo que se ha emprendido para dar al mundo la unidad y la paz.Esas y muchas otras cosas han nacido de la Palabra, pero han tenido que madurar en el corazón de las personas de fe.A ustedes se les ha dado el misterio del Reino de Dios. Jesús les recuerda a los discípulos que si están con él, recibiendo de él la palabra de Dios, lo deben a una gracia de Dios que los ha escogido para recibir y transmitir el anuncio del Reino. Y ya que han respondido al llamado y se han integrado al grupo de los discípulos, el Maestro les revelará poco a poco la manera de actuar de Dios. Pero nosotros, con facilidad, en vez de detenernos en esta generosidad, tomamos la frase en sentido contrario y nos preguntamos: ¿De modo que Dios ha querido que los demás «no vean ni entiendan»?No les llegan más que parábolas. Los que no han sido llamados a encontrarse con Cristo, o que, habiendo sido llamados se desentienden, viven en un mundo donde no están sin la luz de Dios, sino que ésta les llega «en parábolas», es decir a través de intermediarios y de limitaciones humanas. El Evangelio, pues, dará alguna luz incluso a los que no se comprometen con él, pero de un modo adaptado a su capacidad, ya que viven en un mundo de verdades a medias.El versículo 12 cita un importante texto de Isaías (6,9), que será retomado por Jn 12,40 y He 28,26. Pero para entenderlo hay que tener presente que el profeta utiliza una forma gramatical propia del hebreo y difícil de traducir al castellano. Dios le dice al profeta más o menos esto: «Enduréceles el corazón, háblales para que aunque escuchen no entiendan». Pero esto debiera entenderse así: «Tú sólo lograrás que se endurezca su corazón; hablarás, pero de hecho escucharán y no querrán entender». En ningún caso quiere Dios que alguien se equivoque o permanezca en la ignorancia.¿Cómo comprenderán las demás parábolas? Los apóstoles mismos eran incapaces de comprender cosas muy sencillas. Jesús nos pone en guardia frente a una visión simplista: por un lado «los discípulos», y por otro, los de afuera. Jamás terminaremos de comprender los misterios del reino y menos de entrar en él; la frontera entre discípulos y gente de afuera pasa por en medio de cada uno de nosotros; Jesús lo recordará en la parábola de la cizaña.Tal vez deberíamos preguntarnos qué sacamos de las lecturas del Evangelio: ¿una invitación a actuar mejor, o el lento descubrimiento de los misterios de Dios? ¿Vamos siempre a los textos que cuadran con nuestras ideas o estamos dispuestos a escuchar absolutamente todo?





[14] Ver comentario de Mt 13,18.Con la parábola del Sembrador, Jesús propone una visión del Reino de Dios totalmente distinta a la que se tenía entonces. Es una realidad nueva que brota del corazón de quienes han sabido recibir la palabra de Dios: conversión a la verdad y perseverancia en el bien.La semilla puede ser una palabra del Evangelio. Pero también son semillas los consejos que recibimos y las sugerencias de nuestra conciencia. A veces nos parece que el Evangelio no tiene mucha fuerza para transformar la vida, pero, ¿por qué hemos pisoteado tantas semillas que el viento había traído a la casa? Todo depende de nosotros.Jesús nos habla del treinta, del sesenta y del ciento por uno (20): la palabra escuchada transforma nuestra vida y da eficacia a nuestros esfuerzos para salvar al mundo. Nadie sabrá decir lo que puede una persona libre en el sentido en que habla el Evangelio.Si algo ha sido ocultado. La palabra actúa en el secreto del corazón, pero, cuando descubrimos la transformación que obró en nuestra vida, con gusto pregonamos a Cristo y damos a conocer a los demás el secreto que nos hizo felices: Ef 2,4; Col 3,3; Fil 2,10.Presten atención a lo que escuchan. Jesús nos llama la atención: «Ustedes pierden el tiempo si tan sólo me escuchan y no dejan que lo que han escuchado de mí dé su fruto. La medida con que ustedes midan se usará para medir lo que reciban, es decir, que si empiezan a poner en práctica lo que han escuchado, recibirán de Dios nuevas fuerzas y conocimientos. Y si no tienen nada, es decir, si no producen frutos, de nada les servirá esa fe que les he enseñado; ...ustedes que leen mi evangelio, pregúntense antes de seguir más adelante...».





[26] En toda época los hombres se impacientan: ¿Se realizará pronto el Reino de la justicia? ¿Se acabarán pronto la violencia y la corrupción? Jesús contesta: Ahora mismo están ya actuando las fuerzas invencibles que hacen madurar al mundo y que llevan adelante al Reino.



SEMILLAS

¡Cuántas semillas se tiran al viento! Una moda nueva, una canción, un nuevo artefacto, un programa radial... Algunas semillas han crecido hasta constituir corrientes poderosas que movilizan a las masas. Pero sepamos descubrir los comienzos humildes de la obra de Dios: el encuentro de algunas personas de buena voluntad para solucionar un problema comunitario; un gesto fraterno en un ambiente cerrado; un primer esfuerzo para sonreír a la vida después de una decepción...La semilla crece, y la persona que recibió la Palabra se siente más segura en el camino por el que Dios la conduce.





[30] Ver comentario de Mt 13,31.





[35] En las dos últimas parábolas Jesús mostró la fuerza y el crecimiento irresistible del Reino; ahora, como para dar una señal visible del mismo, pasará a la otra orilla del lago, es decir, a la orilla pagana del lago de Genezaret. Los dos milagros que realizará mostrarán que su victoria sobre el demonio sobrepasa las fronteras de Israel.En la mentalidad judía, el mar es el símbolo de los poderes demoníacos, un recuerdo constante del caos primitivo, donde se mueven los monstruos marinos de los que sólo Dios, que es Todopoderoso, puede burlarse: Behemot, Leviatán y Rahab. Al ordenar al mar: «¡Cállate! ¡Cálmate!», al igual que hace con los demonios (Mc 1,25), Jesús reafirma su poder divino sobre las fuerzas del mal.Ante tantas fuerzas del mal que los atacan, en medio de las tempestades que se levantan, los hombres se preguntan, a veces, si Dios no está dormido. Pero Jesús está allí; no se asombra tanto del miedo de los discípulos ante la tempestad, cuanto de su falta de fe; únicamente la confianza en la victoria de Jesús, Hijo de Dios, sobre las fuerzas del mal, puede permitirles superar ese miedo.Pero en cuanto descubren en Jesús ese poder divino, los apóstoles son presa de un gran susto, como Moisés ante la zarza ardiendo (Ex 3,1), como Isaías cuando tiene la visión en el templo (Is 6,5), y como todos aquellos a quienes Dios se manifiesta de un modo particular; más que un amigo o un maestro, Jesús se les manifiesta en la verdad de su ser. Y ese temor de descubrir a Dios tan cerca de ellos, se hacía más fuerte que el temor que habían tenido frente a la tempestad, algunos minutos antes.

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