Juan 3

Juan 2 ▬▬▬ Juan 4 ►

JESÚS Y NICODEMO: HAY QUE NACER DE NUEVO [1] Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo: [2] «Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él.» [3] Jesús le contestó: «En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba.» [4] Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?» [5] Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. [6] Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. [7] No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. [8] El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.» [9] Nicodemo volvió a preguntarle: «¿Cómo puede ser eso?» [10] Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas? [11] En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. [12] Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo? [13] Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre. [14] Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, [15] y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna. [16] ¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. [17] Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. [18] Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios. [19] Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. [20] Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. [21] Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios.

» EL ÚLTIMO TESTIMONIO DE JUAN BAUTISTA [22] Después de esto, Jesús se fue con sus discípulos al territorio de Judea. Allí estuvo con ellos y bautizaba. [23] Juan también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salín, porque allí había mucha agua; la gente venía y se hacía bautizar. [24] (Esto ocurría antes de que Juan hubiera sido encarcelado). [25] Un día los discípulos de Juan tuvieron una discusión con un judío sobre la purificación espiritual. [26] Fueron donde Juan y le dijeron: «Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, y en cuyo favor tú hablaste, está ahora bautizando y todos se van a él.» [27] Juan respondió: «Nadie puede atribuirse más de lo que el Cielo le quiere dar. [28] Ustedes mismos son testigos de que yo dije: Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado delante de él. [29] Es el novio quien tiene a la novia; el amigo del novio está a su lado y hace lo que él le dice y se alegra con sólo oír la voz del novio. Por eso me alegro sin reservas. [30] Es necesario que él crezca y que yo disminuya. [31] El que viene de arriba está por encima de todos. El que viene de la tierra pertenece a la tierra y sus palabras son terrenales. El que viene del Cielo, [32] por más que dé testimonio de lo que allí ha visto y oído, nadie acepta su testimonio. [33] Pero aceptar su testimonio es como reconocer que Dios es veraz. [34] Aquel que Dios ha enviado habla las palabras de Dios, y Dios le da el Espíritu sin medida. [35] El Padre ama al Hijo y ha puesto todas las cosas en sus manos. [36] El que cree en el Hijo vive de vida eterna, pero el que se niega a creer en el Hijo se queda con el Dios que condena: nunca conocerá la vida.

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» UN NUEVO NACIMIENTO

[1] Nicodemo era un hombre religioso preocupado por conocer las cosas de Dios, y fue a Jesús como a un Maestro en religión. Pero lo que necesitaba no era tanto recibir enseñanzas nuevas, cuanto que se produjera un cambio en él. Y eso mismo necesitamos nosotros. Debemos reconocer nuestra impotencia para echar abajo las barreras que nos separan de una vida más auténtica. Por más que hayamos acumulado experiencia y sabiduría, y tal vez a causa de ellas, somos personas envejecidas, al igual que Nicodemo. Jesús dice que debemos nacer de nuevo y nacer de arriba; el término que se lee aquí en el evangelio puede significar tanto lo uno como lo otro. Nadie se da a luz a sí mismo, y así como recibimos de otros la vida según la carne, así también recibimos del Espíritu la vida de los hijos de Dios. Ninguno duda de su propia existencia, pues algo se mueve en él, piensa, hace proyectos y goza la vida. Pero esto puede ser nada más que vida según la carne, o sea, vida del hombre que no ha despertado todavía. La otra vida, que procede del Espíritu, es más misteriosa, porque el Espíritu actúa en lo más profundo de nuestro ser. Todo lo vemos desde fuera; las apariencias del hombre y sus actos exteriores nos llaman la atención, pero no vemos lo que Dios está obrando en él. Sin embargo, el creyente despierto y dócil a la actuación del Espíritu, descubre poco a poco que sus razones de actuar y sus ambiciones ya no son las mismas de antes. Se siente a gusto con Dios y sin temor. Comprueba que su vida no la orienta tanto él mismo como otro que vive en él, aunque en realidad no sabría decir bien lo que vive. Por eso Jesús compara la actuación del Espíritu con el paso del viento, al que sentimos, pero no lo vemos ni lo estrechamos. Notemos además que, en el idioma de Jesús, la palabra soplo significa tanto espíritu como viento. Debemos renacer del agua y del espíritu: ésta es una alusión al bautismo. No pensemos que con el solo hecho de recibir el agua del bautismo uno empieza a vivir según el Espíritu, sino que normalmente uno se bautiza porque ya tiene alguna idea de lo que es la vida por el Espíritu. Las palabras del Evangelio se refieren a los adultos que se convierten a la fe cristiana; diferente es el caso de los niños, cuyos padres los llevan al bautismo. Seguramente el bautismo obra en ellos, pero deberán un día aceptar la Palabra y desprenderse de sí mismos para ser guiados por el Espíritu. Nicodemo era un hombre religioso y creyente y había muchos como él en Israel. Pero, ¿por qué vino de noche? Posiblemente porque no quería arriesgar su reputación o no podía mezclarse con la gente común que rodeaba a Jesús. Esta actitud no corresponde a quienes han nacido de nuevo; éstos se han liberado de muchas cosas que tienen paralizados a los demás hombres, y con gusto encuentran a Jesús en una Iglesia de pobres.

JESUS REVELA EL PLAN DE DIOS

[11] El Evangelio de Juan no se parece a los otros tres. A menudo, después de contar algunas palabras de Jesús, Juan toma pie de ellas para empezar una presentación de la fe, apoyándose en declaraciones que Jesús hizo en otras oportunidades. Es lo que ocurre en este lugar. ¿Cómo puede ser eso?, preguntaba Nicodemo. Para entrar en la vida del Espíritu, necesitamos conocer el plan de Dios respecto de nosotros. Pero nadie puede hablar en forma debida de estas cosas sino sólo el Hijo de Dios. El ha visto las cosas del cielo, es decir, la vida íntima de Dios; y también habla de las cosas de la tierra, es decir, del Reino de Dios que nos trae. Muchos oyentes de Jesús no aceptarán que el Reino de Dios sea lo que él dice; menos aún tomarán en cuenta lo que él nos revela del misterio de Dios. Jesús nos revela, o sea, nos descubre lo que no podemos saber por nosotros mismos. Así que un cristiano no es el que «cree en Dios» sin más; somos cristianos por cuanto creemos en el testimonio de Jesús (11) respecto de Dios y su plan de salvación. En este plan había un punto difícil de aceptar: el Hijo del Hombre debía morir en la cruz y resucitar (ser levantado significa tanto lo uno como lo otro). Jesús recuerda el episodio de la serpiente en el desierto. Este episodio de la Biblia (Números 21) prefiguraba de antemano la suerte de Jesús, pero por supuesto que los judíos no habían penetrado en el sentido de este mensaje; en realidad pasaban al lado de todos los anuncios del sufrimiento de su salvador sin entenderlos. Había también otro punto sobre el cual debían modificar sus ideas. Esperaban una venida de Dios para condenar al mundo y castigar a los malos. Dios, en cambio, enviaba a su propio Hijo a la cruz para salvar al mundo. En otras páginas del Nuevo Testamento se dice que no debemos amar al mundo; esto parece contradecir lo que acabamos de leer: Dios ama al mundo. La razón de esta dificultad está en que la palabra mundo tiene varios sentidos en este evangelio. En un primer sentido, el mundo significa la creación, que es buena, puesto que es obra de Dios. Pero el centro de la obra divina es el hombre, el cual se ha hecho esclavo del Demonio (8,34 y 44), y por esta razón Juan nos hablaba de tinieblas en el mundo en 1,5. Todo lo que crea el hombre pecador, riquezas, cultura, vida social, es influenciado, desfigurado y utilizado por el Maligno. Por eso Dios envía a su Hijo para que se salve el mundo. Ahora bien, a pesar de que la resurrección de Cristo inició su poder invencible sobre la historia, una corriente poderosa sigue arrastrando a todos los que no quieren definirse frente a la verdad. Sería más acertado decir: los que se dejan arrastrar por la lógica aparente de las cosas, que viene en parte del demonio, el Gobernador de este mundo. Juan a veces llama a esta corriente mala el mundo. Ver al respecto en Jn 15,19: Ustedes no son del mundo. Ver también otras significaciones de "el mundo" en 1 Jn 2,15.[22] El Evangelio deja constancia de que numerosos discípulos de Juan Bautista no reconocieron a Jesús. Les impresionaba el ejemplo de su maestro, hombre rudo y muy franco en sus palabras, sacrificado en la comida y la bebida. Se quedaron esperando una «verdadera» justicia de Dios y el castigo ejemplar de los malos. Estos seguidores de Juan tenían un defecto muy común entre los defensores de cualquier causa buena: estaban demasiado apegados a su modelo como para acoger otra cosa. Para ser discípulos de Cristo, debemos muchas veces adelantarnos a nuestros profetas. Es necesario que él crezca y que yo disminuya, dice el más grande de los profetas (30). Pues sólo Jesús viene de lo alto y llena por completo el corazón humano. En él no se pierde nada de lo bueno, pues él lo encierra todo. Respecto a la comparación del novio y la novia, ver Mt 22.[36] Se queda con el Dios que condena. Los que no reconocen al Hijo de Dios permanecen en la situación en que estaba la humanidad expulsada del paraíso. Mientras no sepan recibir el testimonio de Dios-hijo, el que está en el seno del Padre, no podrán solucionar las contradicciones de su vida ni tener paz en Dios.

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