Mateo 28

Mateo 27

JESÚS RESUCITADO SE APARECE A LAS MUJERES (MC 16,1; LC 24,1; JN 20,1)
[1] Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. [2] De repente se produjo un violento temblor: el Angel del Señor bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de la entrada y se sentó sobre ella. [3] Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve. [4] Al ver al Angel, los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos. [5] El Angel dijo a las mujeres: «Ustedes no tienen por qué temer. Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. [6] No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto, [7] pero vuelvan en seguida y digan a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se lo dije todo.» [8] Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos. [9] En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: «Paz a ustedes.» Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. [10] Jesús les dijo en seguida: «No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán.» [11] Mientras las mujeres iban, unos guardias corrieron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado. [12] Estos se reunieron con las autoridades judías y acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero [13] para que dijeran: «Los discípulos de Jesús vinieron de noche y, como estábamos dormidos, se robaron el cuerpo. [14] Si esto llega a oídos de Pilato, nosotros lo arreglaremos para que no tengan problemas.» Los soldados recibieron el dinero e hicieron como les habían dicho. [15] De ahí salió la mentira que ha corrido entre los judíos hasta el día de hoy.

JESÚS ENVÍA A SUS APÓSTOLES [16] Por su parte, los Once discípulos partieron para Galilea, al monte que Jesús les había indicado. [17] Cuando vieron a Jesús, se postraron ante él, aunque algunos todavía dudaban. [18] Jesús se acercó y les habló así: «Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. [19] Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, [20] y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.»
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[1] Respecto a las apariciones de Jesús resucitado, véase el comentario de Lc 23,1.Este primer párrafo está aún escrito en estilo apocalíptico, con su ángel resplandeciente y ese nuevo terremoto. Pero el Evangelio se niega a describir una salida triunfante de Jesús como lo habrían deseado sus lectores. Jesús resucitado sólo es visto por los que creen; las mujeres que lo buscaban lo vieron; los soldados y los dirigentes, que no lo buscaban, no comprendieron. Se nombran a María Magdalena y a la otra María, madre de Santiago y de José (Mt 27,55), dos de los "hermanos de Jesús" (Mt 13,55). Era pariente de María, madre de Jesús. En eso Jesús les salió al encuentro (9). Es evidente que Mateo combina dos hechos diferentes: uno es el descubrimiento del sepulCrón vacío; otro fue, posteriormente, la aparición sólo a María de Magdala, narrada en Jn 20,11-18.Que se dirijan a Galilea. ¿Por qué Jesús da esta cita si debe manifestarse el mismo día en Jerusalén? (Lc 24,13-42). La cosa no es nada clara y, a lo mejor, los evangelistas han desplazado ciertas apariciones para comodidad de su relato. Pero de todas maneras, era necesaria una maduración para que los discípulos creyeran en la resurrección y entendieran algo de la misma. Después de las dos primeras apariciones en Jerusalén, en las que Jesús trató de convencerlos de que no era fantasma ni un espíritu, debían volver a su provincia y a su ambiente, lejos de esta capital en que habían sido traumatizados, para interiorizar su nueva experiencia. En Galilea Jesús se manifestará de una manera diferente, dándoles a entender que ya ha sido glorificado y su existencia ya no es como la de antes. Una mujer, María de Magdala, transmite el recado, como para indicar que en la Iglesia no todo vendrá de las autoridades, y Dios se comunica con quien quiere, comunicando mensajes proféticos a personas sencillas y a mujeres. El Evangelio habla muy brevemente de las apariciones de Jesús resucitado. Es que para la Iglesia primitiva, este hecho tan importante y misterioso debía ser proclamado y como demostrado por la actuación del Espíritu en las comunidades cristianas. ¿Estaremos en una situación diferente a la de ellos? La Iglesia que habla bien de Cristo resucitado no es una Iglesia poderosa que dispone de buenos medios de propaganda, sino una Iglesia resucitada. Si la Iglesia, si nuestras comunidades, están constantemente en situaciones tales que aparentemente no hay para ellas esperanza de salvación y sin embargo reviven por gracia de Dios, entonces estarán atestiguando que su Señor ha resucitado y que les ha dado a ellas el poder de resucitar.

[16] Jesús envía a sus apóstoles a evangelizar el mundo. Este último encuentro es narrado de la manera más sencilla. Nada de aparición súbita ni de miedo; nada de demostración física de la realidad de Jesús. Lo importante son las palabras de Jesús Maestro. Aunque algunos todavía dudaban (17). Mateo resume así las últimas apariciones de Jesús. No todos los discípulos (los Once y los demás) se convencieron tan rápidamente de la Resurrección de Jesús. Hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Jesús había reunido un grupo de discípulos que convivían con él, conforme a como hacían los maestros judíos. El maestro conocía a sus discípulos y éstos a su vez conocían a su maestro compartiendo con él la vida diaria. Esto vale todavía hoy, pues la evangelización supone un compartir. Evangelizar es ayudar a una persona a profundizar sus experiencias pasadas hasta el momento en que reconozca a Cristo, y su muerte y su resurrección como la verdad que ilumina su propia existencia. Los que hayan creído serán bautizados en el Nombre único del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, pues son las tres personas que nos enseñó Cristo. Y, por supuesto, que las nombró separadamente porque el Padre no es el Hijo y el Hijo no es el Espíritu Santo, a pesar de que los tres son el mismo Dios. Los bautizados entrarán en comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu al ingresar en una Iglesia que, en primer lugar, es una comunión. Ver en Hechos 19,6 respecto del bautismo en el Nombre del Señor Jesús. Enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Estas enseñanzas de Cristo ocupan el primer lugar en el Evangelio de Mateo; están en los cinco discursos, y nosotros tendremos que hacer la voluntad del Padre tal como Jesús nos la reveló. Yo estoy con ustedes todos los días. Volvemos a encontrar esa certeza que ya fue expresada con el nombre de Emmanuel en 1,23: Jesús es el Dios-con-nosotros. Hasta el fin de la historia. La primera generación cristiana pensó que Cristo no tardaría en volver, pero ya en el momento en que se escribió el Evangelio entendía que la historia iba a durar; la nación de Israel había rechazado la salvación que se le ofreció y sólo una minoría había creído. Jesús, ahora, se había comprometido con sus apóstoles y con su Iglesia. La Iglesia católica se distingue de las Iglesias «reformadas» porque solamente ella se considera obligada a permanecer unida en torno a los sucesores de los apóstoles, que son los obispos. Nos cuesta mantener esta unidad y continuidad en muchas circunstancias en que parecería más fácil fundar una nueva comunidad reformada, al lado de la Iglesia. Pero también esta obediencia a la voluntad del Padre es el medio que a él le permite ejercitar y purificar nuestra fe. Jesús es y seguirá siendo dueño del destino de «su» Iglesia.

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