Mateo 10

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LOS DOCE APÓSTOLES (MC 3,13; LC 6,12) [1] Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder sobre los malos espíritus para expulsarlos y para curar toda clase de enfermedades y dolencias. [2] Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; [3] Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo; [4] Simón, el cananeo y Judas Iscariote, el que lo traicionaría.

JESÚS ENVÍA A LOS PRIMEROS MISIONEROS (LC 9,1; 10,1; MC 6,8) [5] A estos Doce Jesús los envió a misionar, con las instrucciones siguientes: «No vayan a tierras de paganos, ni entren en pueblos de samaritanos. [6] Diríjanse más bien a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. [7] A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca! [8] Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar. [9] No lleven oro, plata o monedas en el cinturón. [10] Nada de provisiones para el viaje, o vestidos de repuesto; no lleven bastón ni sandalias, porque el que trabaja se merece el alimento. [11] En todo pueblo o aldea en que entren, busquen alguna persona que valga, y quédense en su casa hasta que se vayan. [12] Al entrar en la casa, deséenle la paz. [13] Si esta familia la merece, recibirá vuestra paz; y si no la merece, la bendición volverá a ustedes. [14] Y si en algún lugar no los reciben ni escuchan sus palabras, salgan de esa familia o de esa ciudad, sacudiendo el polvo de los pies. [15] Yo les aseguro que esa ciudad, en el día del juicio, será tratada con mayor rigor que Sodoma y Gomorra. [16] Miren que los envío como ovejas en medio de lobos: sean, pues, precavidos como la serpiente, pero sencillos como la paloma.

LOS TESTIGOS DE JESÚS SERÁN PERSEGUIDOS (LC 12,11; MC 13,19; 4,22; 8,38) [17] ¡Cuídense de los hombres! A ustedes los arrastrarán ante sus consejos, y los azotarán en sus sinagogas. [18] Ustedes incluso serán llevados ante gobernantes y reyes por causa mía, y tendrán que dar testimonio ante ellos y los pueblos paganos. [19] Cuando sean arrestados, no se preocupen por lo que van a decir, ni cómo han de hablar. Llegado ese momento, se les comunicará lo que tengan que decir. [20] Pues no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre el que hablará en ustedes. [21] Un hermano denunciará a su hermano para que lo maten, y el padre a su hijo, y los hijos se sublevarán contra sus padres y los matarán. [22] Ustedes serán odiados por todos por causa mía, pero el que se mantenga firme hasta el fin, ése se salvará. [23] Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. En verdad les digo: no terminarán de recorrer todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre. [24] El discípulo no está por encima de su maestro, ni el sirviente por encima de su patrón. [25] Ya es mucho si el discípulo llega a ser como su maestro y el sirviente como su patrón. Si al dueño de casa lo han llamado demonio, ¡qué no dirán de los demás de la familia! [26] Pero no les tengan miedo. Nada hay oculto que no llegue a ser descubierto, ni nada secreto que no llegue a saberse. [27] Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo ustedes a la luz, y lo que les digo en privado, proclámenlo desde las azoteas. [28] No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno. [29] ¿Acaso un par de pajaritos no se venden por unos centavos? Pero ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre. [30] En cuanto a ustedes, hasta sus cabellos están todos contados. [31] ¿No valen ustedes más que muchos pajaritos? Por lo tanto no tengan miedo. [32] Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos. [33] Y al que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos. [34] No piensen que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada. [35] Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. [36] Cada cual verá a sus familiares volverse enemigos. [37] El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. [38] El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no es digno de mí. [39] El que vive su vida para sí la perderá, y el que sacrifique su vida por mi causa, la hallará. [40] El que los recibe a ustedes, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa digna de un profeta. [41] El que recibe a un hombre justo por ser justo, recibirá la recompensa que corresponde a un justo. [42] Asimismo, el que dé un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, porque es discípulo, no quedará sin recompensa: soy yo quien se lo digo.»
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[1] Hasta ese momento, Jesús se dio a conocer por sus predicaciones en las sinagogas cercanas a Cafarnaún. Pero ahora Jesús tiene medios, o sea, fama y cooperadores para reunir muchedumbres. Este es el momento en que Jesús constituye el grupo de los Doce. Los necesita para organizar sus reuniones, para transmitir sus enseñanzas, para multiplicar los signos milagrosos que realiza en los enfermos. También Jesús está proyectando su Iglesia y quiere darle una cabeza: ésta será el grupo de los apóstoles. Ellos van a ser, en medio de los hombres, los testigos de Jesús, y a este fin les enseña una manera de vivir y de convivir que servirá de modelo a la Iglesia. Llamó a los que él quiso (ver Jn 15,16). Estos a su vez llamarán a otros. En la Iglesia todos son llamados a hacer un trabajo apostólico, pero nadie puede llegar a ser un apóstol, es decir un testigo oficial de Cristo, si no es llamado.


[5] Mateo fue preparando este tercer "discurso de Jesús" desde el párrafo que comienza en 9,35. Jesús, que ha comenzado la misión, forma y envía a los misioneros. Apóstol quiere decir "enviado" y misión quiere decir también "envío". El Padre ha enviado a su Hijo a la tierra y el Hijo a su vez envía a sus apóstoles. El Padre envía a los mensajeros de su palabra, pero también envía a su Espíritu para que toque el corazón y el espíritu de los que escuchan. Gracias al Espíritu reconocerán la palabra de Dios en los pobres discursos de esos mensajeros sin mayor instrucción. El Espíritu proporcionará señales: curaciones y gracias asombrosas que apoyarán el testimonio de los enviados. Los sucesores de los apóstoles serán como ellos misioneros. No serán primero los administradores de una Iglesia establecida, sino que, viviendo como pobres en medio de los pobres, harán que surjan nuevas Iglesias (véase 1 Cor 3,10; 12,28).Este nuevo capítulo nos habla pues de la misión, que es la principal preocupación de la comunidad cristiana. En la primera parte (5-16) Jesús se dirige a los primeros misioneros de Galilea. En la segunda parte (17-42), Mateo reúne palabras que Jesús pronunció en circunstancias muy diversas y las adapta para sus lectores en el preciso momento en que la Iglesia empezaba a ser perseguida en el mundo greco-romano. No vayan a tierras de paganos. Jesús obedece el plan de salvación de su Padre, ya expresado en la Biblia: el Salvador debía reunir primero a las ovejas dispersas del pueblo de Israel; después llevaría la salvación a todas las naciones (Is 49,6; 60,1-10; Za 14,16; Mt 15,24).El que los recibe a ustedes (vers. 40): rechazar a los mensajeros es desoír el llamado del Padre.

[17] LOS MARTIRES Mateo ha recogido aquí las advertencias que Jesús hizo a sus testigos sobre como encarar las persecuciones. Jesús vivió largas semanas en la semi-clandestinidad, y sus primeros misioneros experimentaron las mismas amenazas. Mateo, al relatar estas palabras a lo mejor las adaptó un poco a la situación de los cristianos de su tiempo, pero no las inventó. Acabamos de hablar de testigos, y en griego testigo se dice: mártir. Algunos de esos mártires fueron glorificados inmediatamente, pero la mayor parte permaneció desconocida. A menudo fueron desfigurados por las calumnias (5,11; Lc 21,17), lo que permitió aislarlos, aun de la comunidad cristiana, y luego eliminarlos. En algunos casos fueron masacradas comunidades enteras como en tiempos del Imperio romano, o más cerca de nosotros, como ocurrió con los Armenios. Y eso continúa en nuestros días en algunos países sin que la prensa hable de ello. En muchos otros casos, los mártires estuvieron sumidos en una situación compleja, y tomaron una postura peligrosa que los ha llevado a la muerte. Cuando Esteban fue asesinado (He 7) no se perseguía a los apóstoles y muchos pudieron pensar que era un exaltado. Cuando las jóvenes cristianas del Imperio romano eran perseguidas porque habían decidido permanecer vírgenes, muchos decían: ¿Por qué menosprecian sus obligaciones familiares? Cuando los católicos de Inglaterra, de Francia o de China se negaron a formar Iglesias nacionales separadas de la comunión católica de Roma, ¿no eran rebeldes a las leyes de su nación? Tal vez haya que reconocer que es una gracia ser mártir y que ésta no se concede a todos. Muchos estarían dispuestos a dar su vida por Cristo, pero frente a determinadas situaciones de violencia o de corrupción, no ven la necesidad de hacer un escándalo y se someten para evitar lo peor. Otros, en cambio, comprenden que Dios les pide que den un testimonio (18) de esa Buena Nueva en la que creen y que es lo contrario de lo que se les impone; al hacer esto se exponen a las medidas de represión por medio de las cuales se defiende la sociedad. Jesús dirá que no es necesario ir en busca de la muerte (23), pero por otro lado sostiene que la persecución y los procesos a sus testigos harán que la evangelización avance (18), y Pablo recibirá la misma certidumbre (He 27,24; Ef 6,19). El Apocalipsis irá más lejos al afirmar que la muerte de los testigos hará que avance la Historia sagrada. El hermano entregará a la muerte a su hermano... serán odiados por todos. Es lo habitual en un clima de terror. Pero sin llegar hasta allí, los testigos de Cristo podrán verse ignorados por todos o por casi todos en su Iglesia, mientras que sus detractores tal vez reciban el reconocimiento (Lc 6,26). Con el tiempo, el Espíritu Santo impondrá la verdad, pero la mayoría de las veces, los pequeños, aquellos que han sufrido más y que tal vez son los más grandes, permanecerán ignorados hasta el día en que Jesús mismo los reconozca delante de su Padre. En realidad, Jesús no habla únicamente de los que son masacrados. Muchos más numerosos y sin duda mucho más cerca nuestro son aquellos que han tenido que vencer el miedo (26; 28; 31) para ser sus testigos en las calles, en las escuelas y en los sitios de reunión de ese mundo pervertido y malvado (Gál 1,4; Fil 2,15).


[19] No se preocupen... Los testigos de Jesús no trabajan por cuenta propia, y se identifican mejor con Jesús cuando son perseguidos y enjuiciados. Entonces no deben dudar de la asistencia que recibirán del Espíritu. La preocupación por preparar su defensa sólo les haría perder la paz que el Espíritu confiere a los perseguidos.


[23] No terminarán de recorrer... Esta frase estaría mejor ubicada en la primera parte del Discurso, 10,5-16 referente a la misión en Galilea. Pero al ponerla en este lugar, Mateo le da otro sentido: los misioneros no terminarán de convertir al mundo antes de la segunda venida de Jesús.


[28] Somos cobardes y Jesús lo sabe. Ya dijo: No teman, cuando invitaba a no buscar la seguridad del dinero. Ahora, tratándose del miedo a las medidas de represión, añade: Si ustedes no pueden deponer su cobardía, piensen dónde está la mayor amenaza, con Dios o con los hombres. Este es el único lugar donde Jesús dice: Teman a Dios. Cuando la Biblia habla de temer a Dios, habitualmente no se trata de tenerle miedo, sino de respetarlo; el respeto está muy lejos del miedo. Dios no nos amenaza con echarnos al infierno; más bien nos recuerda que perderlo a él es perdernos a nosotros mismos.

[32] Al que se ponga de mi parte. Después de recalcar el poder soberano de su Padre, Jesús se alza al mismo nivel: él decidirá nuestra suerte eterna. Jesús no habla únicamente de aceptarlo a él, es decir, de no renegar de nuestra fe cristiana delante de los demás; sus palabras se aplican también a las exigencias de todos los días. No debemos avergonzarnos de actuar o de hablar como creyentes.


[34] No piensen que he venido a traer la paz. La paz del creyente nace de la certeza de que es amado por Dios: así lo dicen los ángeles en Belén (Lc 2,14). Pero Jesús no da la paz al mundo, porque la paz del mundo está hecha de confusiones, de certezas aproximadas, de equilibrio entre codicias y temor a los riesgos. La paz del mundo, ya sea en la sociedad o en las familias, encubre habitualmente un orden injusto impuesto por el más fuerte o una mediocridad compartida. Y el Evangelio siempre despierta el espíritu crítico. La presencia de un solo cristiano que vive en la verdad basta para inquietar a muchas personas (Jn 3,20;15,18).El Evangelio nos lleva a tomar nuestras decisiones con más libertad, despreciando el juicio de los que nos rodean cuando vemos que no se inspira en criterios evangélicos. Pensemos en casos como el de la niña embarazada que se resiste cuando sus padres exigen un aborto para «salvar el honor de la familia». En varios países se persiguió al cristianismo porque ponía una ley divina por encima de la autoridad de los padres, que era considerada entonces como la autoridad suprema. Este ha sido el caso de Vietnam, Corea y China. Por otra parte, el demonio levanta persecuciones contra cualquiera que emprenda el camino de Cristo, para asustarlo y así se vuelva atrás (Mt 12,43; 13,21).No es digno de mí (37). Jesús no habla sólo para los misioneros o las personas con una misión excepcional. Cada uno de nosotros debe romper muchas formas de dependencia mutua dentro de la familia, que no favorecen el crecimiento humano y espiritual ni del uno ni del otro. El que ama a Cristo encuentra mil motivos para liberarse de gestos, convivencias y preocupaciones por los suyos que, en realidad, mantenían a unos y otros en la mediocridad.

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