Lucas 12

Lucas 11 ▬▬▬ Lucas 13

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NO TEMAN A LOS QUE MATAN EL CUERPO [1] Entre tanto se habían reunido miles y miles de personas, hasta el punto de que se aplastaban unos a otros. Entonces Jesús se puso a decir, especialmente para sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. [2] Nada hay tan oculto que no haya de ser descubierto o tan escondido que no haya de ser conocido. [3] Por el contrario, todo lo que hayan dicho en la oscuridad será oído a la luz del día, y lo que hayan dicho al oído en las habitaciones será proclamado desde las azoteas. [4] Yo les digo a ustedes, mis amigos: No teman a los que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. [5] Yo les voy a mostrar a quién deben temer: teman a Aquel que, después de quitarle a uno la vida, tiene poder para echarlo al infierno. Créanme que es a ése a quien deben temer. [6] ¿No se venden cinco pajaritos por dos monedas? Pues bien, delante de Dios ninguno de ellos ha sido olvidado. [7] Incluso los cabellos de ustedes están contados. No teman, pues ustedes valen más que un sinnúmero de pajarillos. [8] Yo les digo: Si uno se pone de mi parte delante de los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte delante de los ángeles de Dios; [9] pero el que me niegue delante de los hombres, será también negado él delante de los ángeles de Dios. [10] Para el que critique al Hijo del Hombre habrá perdón, pero no habrá perdón para el que calumnie al Espíritu Santo. [11] Cuando los lleven ante las sinagogas, los jueces y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir; [12] llegada la hora, el Espíritu Santo les enseñará lo que tengan que decir.

NO ESTÁ LA VIDA EN EL POSEER [13] Uno de entre la gente pidió a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que me dé mi parte de la herencia.» [14] Le contestó: «Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o repartidor entre ustedes?» [15] Después dijo a la gente: «Eviten con gran cuidado toda clase de codicia, porque aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida.» [16] A continuación les propuso este ejemplo: «Había un hombre rico, al que sus campos le habían producido mucho. [17] Pensaba: ¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mis cosechas. [18] Y se dijo: Haré lo siguiente: echaré abajo mis graneros y construiré otros más grandes; allí amontonaré todo mi trigo, todas mis reservas. [19] Entonces yo conmigo hablaré: Alma mía, tienes aquí muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, pásalo bien.» [20] Pero Dios le dijo: "¡Pobre loco! Esta misma noche te reclaman tu alma. ¿Quién se quedará con lo que has preparado?" [21] Esto vale para toda persona que amontona para sí misma, en vez de acumular para Dios.

» NO SE INQUIETEN POR CÓMO VIVIRÁN [22] Jesús dijo a sus discípulos: «No se atormenten por su vida con cuestiones de alimentos, ni por su cuerpo con cuestiones de ropa. [23] Miren que la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. [24] Aprendan de los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen bodegas ni graneros, y sin embargo Dios los alimenta. ¡Y ustedes valen mucho más que las aves! [25] ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura? [26] Si ustedes no tienen poder sobre cosas tan pequeñas, ¿cómo van a preocuparse por las demás? [27] Aprendan de los lirios del campo: no hilan ni tejen, pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como uno de ellos. [28] Y si Dios da tan lindo vestido a la hierba del campo, que hoy está y mañana se echará al fuego, ¿qué no hará por ustedes, gente de poca fe? [29] No estén pendientes de lo que comerán o beberán: ¡no se atormenten! [30] Estas son cosas tras las cuales corren todas las naciones del mundo, pero el Padre de ustedes sabe que ustedes las necesitan. [31] Busquen más bien el Reino, y se les darán también esas cosas. [32] No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. [33] Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto a Dios bolsas que no se rompen de viejas y reservas que no se acaban; allí no llega el ladrón, y no hay polilla que destroce. [34] Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. ESTÉN PREPARADOS [35] Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas encendidas. [36] Sean como personas que esperan que su patrón regrese de la boda para abrirle apenas llegue y golpee a la puerta. [37] Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá uno por uno. [38] Y si es la medianoche, o la madrugada cuando llega y los encuentra así, ¡felices esos sirvientes! [39] Si el dueño de casa supiera a qué hora vendrá el ladrón, ustedes entienden que se mantendría despierto y no le dejaría romper el muro. [40] Estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre llegará a la hora que menos esperan.» [41] Pedro preguntó: «Señor, esta parábola que has contado, ¿es sólo para nosotros o es para todos?» [42] El Señor contestó: «Imagínense a un administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de sus sirvientes y es él quien les repartirá a su debido tiempo la ración de trigo. [43] Afortunado ese servidor si al llegar su señor lo encuentra cumpliendo su deber. [44] En verdad les digo que le encomendará el cuidado de todo lo que tiene. [45] Pero puede ser que el administrador piense: «Mi patrón llegará tarde». Si entonces empieza a maltratar a los sirvientes y sirvientas, a comer, a beber y a emborracharse, [46] llegará su patrón el día en que menos lo espera y a la hora menos pensada, le quitará su cargo y lo mandará donde aquellos de los que no se puede fiar. [47] Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si no ha cumplido las órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un severo castigo. [48] En cambio, si es otro que hizo sin saber algo que merece azotes, recibirá menos golpes. Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas. [49] He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! [50] Pero también he de recibir un bautismo y ¡qué angustia siento hasta que no se haya cumplido! [51] ¿Creen ustedes que he venido para establecer la paz en la tierra? Les digo que no; más bien he venido a traer división. [52] Pues de ahora en adelante hasta en una casa de cinco personas habrá división: tres contra dos y dos contra tres. [53] El padre estará contra del hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.» [54] También decía Jesús a la gente: «Cuando ustedes ven una nube que se levanta por el poniente, inmediatamente dicen: "Va a llover", y así sucede. [55] Y cuando sopla el viento sur, dicen: "Hará calor", y así sucede. [56] ¡Gente superficial! Ustedes saben interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, y ¿cómo es que no comprenden el tiempo presente? [57] ¿Cómo no son capaces de juzgar por ustedes mismos lo que es justo? [58] Mientras vas donde las autoridades con tu adversario, aprovecha la caminata para reconciliarte con él, no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al carcelero, y el carcelero te encierre en la cárcel. [59] Yo te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último centavo.

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[1] Nada hay tan oculto que no haya de ser descubierto. Esta sentencia puede interpretarse de varias maneras. En estos párrafos Jesús se refiere al testimonio valiente de la fe. Debemos decir la verdad, sin preocuparnos por lo que pensarán de nosotros. Aquí la hipocresía se refiere a los que siempre adoptan una actitud diplomática y se preocupan antes que nada por no perder ninguna amistad. Para el que critique al Hijo del Hombre (10). Ver el comentario de Mc 3,29.

LA CODICIA. - LA PRODUCCION

[13] ¿Quién me ha nombrado juez o repartidor entre ustedes? Jesús no resuelve pleitos judiciales como hacían los maestros de la Ley, por el hecho de que la Ley decidía tanto sobre asuntos civiles como sobre cuestiones religiosas. Eso le permitió reservar su autoridad para lo esencial: desenmascarar la codicia que nos domina es más importante que examinar los derechos de cada uno. Eviten con gran cuidado toda clase de codicia (15). No se trata de que vivamos resignados con la mediocridad o la miseria, de que estemos conformes con dormir diez personas en la misma pieza o marginados de la educación. Pues sabemos que todo esto impide el desarrollo de las personas conscientes de su dignidad y de su vocación divina. Toda la Biblia aspira a formar una comunidad humana auténtica, que no puede existir mientras unos pocos sean dueños de la riqueza, de la cultura y las responsabilidades. Pero una cosa es buscar la justicia porque sin ella no hay paz ni comunión, y otra es fijarse en lo que tienen otros para compartir su codicia. Hoy pretendemos exigir la justicia, pero mañana solamente nos preocuparemos por tener más. Esta codicia nunca nos permitirá descansar y, desde ya, nos cierra la puerta del Reino. No son sus posesiones las que le dan vida. Que tu preocupación por obtener lo que te falta no te haga descuidar lo que hoy te daría vida. Aquí deberíamos dejar la palabra a todos esos hermanos nuestros que, sumidos en la pobreza o la marginación, siguen siendo personas que viven, en el sentido más fuerte de la palabra; ¿debemos tener compasión de ellos, o bien hemos de contarlos entre los pocos que ya gozan del Reino de Dios? Uno de los mayores obstáculos que se presenta en el esfuerzo por liberar a los pueblos es su propia codicia. El día que acepten participar en los grandes boicots y no se dejen dividir por las promesas en beneficio de tal o cual categoría, serán más fuertes que cualquier trust o mafia, y encontrarán la vida como pueblos. ¿Qué voy a hacer? El rico de la parábola proyectaba construir graneros más amplios para su solo beneficio, y Jesús lo condena. También nosotros debemos preguntarnos sobre lo que deberíamos cambiar en nuestro comportamiento para que la economía permita una distribución mejor de las riquezas. El que trabaja para Dios sabe encontrar su felicidad en el momento. Procura crear donde vive un tejido de relaciones sociales mediante las cuales cada uno da a los demás y recibe de ellos, en vez de ambicionar y conquistar las cosas en forma egoísta.

LA IGLESIA POBRE

[32] No temas, pequeño rebaño. En ningún lugar del Evangelio Jesús nos deja creer que, con el tiempo, la mayoría de la humanidad se convertirá. Sabemos que el mundo no cristiano es mucho más numeroso que el mundo «cristiano» y que crece más rápidamente. Mientras en el mundo «cristiano» muchas personas dejan la práctica religiosa, comprendemos mejor que la Iglesia es a la vez una señal y un pequeño rebaño. Jesús nos pide a cada uno de nosotros el desprendimiento. También se lo pide al rebaño como tal. Lo importante para la Iglesia no es construir instituciones poderosas ni conquistar puestos de mando en la sociedad «para mayor gloria de Dios». Una Iglesia que aguarda el regreso del Maestro se preocupa sobre todo de estar lista para hacer sus maletas, esté donde esté, cuando el Señor le señale nuevos caminos, pidiéndole que vuelva a ser misionera. Al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. Comparar con Lc 10,23 y Mt 16,16. Si queremos amar de verdad al Padre, debemos dar testimonio de que él nos ha elegido para ser en el mundo el pequeño rebaño que va a lo esencial. Vendan lo que tienen. ¿Está convencido el pueblo de que la Iglesia actúa de esa manera? Los cristianos se alegran cuando su obispo o su pastor condena la injusticia y recuerda los derechos de los obreros y de los marginados; pero no basta con predicar a los demás. Dios les exige a todos justicia, y a su Iglesia pobreza. Nuestro llamado a la justicia no será escuchado mientras la Iglesia misma no acepte todo el Evangelio.

[35] Jesús desarrolla la comparación del servidor que espera la vuelta de su patrón. Ese servidor se contrapone al rico de la parábola anterior, únicamente preocupado por una vida larga y cómoda. El «acumula para Dios». Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando (37). Velando, o sea, preocupados por lo que será el mundo del mañana. Velando: esto significa también quedar despierto y lúcido en todo lo que toca a la verdad; no aceptamos llamar al bien mal y al mal bien; no nos damos la absolución por consentir el mal y acobardarnos frente a la injusticia. El Hijo del Hombre llegará a la hora que menos esperan (40). No pensemos solamente en el día de la muerte, ni tengamos miedo al juicio de Dios, si vivimos en su gracia. Jesús nos habla del patrón que vuelve de las bodas, tan alegre que invierte todo el orden establecido para ponerse a servir a sus servidores. Tal vez llevamos años sirviendo a Dios. ¿Cómo no llegaríamos a esta otra etapa de la vida espiritual en que parece que Dios solamente se preocupa por regalarnos y festejarnos? Pedro preguntó (41). Este nuevo párrafo se dirige a los responsables de la Iglesia. Mi patrón llegará tarde (45). Los responsables pueden traicionar su misión. Más a menudo cometen el error de no ver más que el buen funcionamiento de las instituciones, y olvidan la o las venidas de Cristo. Dios viene en cada momento a través de los acontecimientos que echan a perder nuestros planes. Por tanto la Iglesia no debe contar demasiado con la planificación de su actividad; ¿sabe alguien lo que Dios nos reserva para mañana? Más bien debe cuidar la oración y la disponibilidad para que el Señor le conceda estar en la mejor posición cuando él sacuda nuestro pequeño universo. Estén despiertos para admirar, alegrarse, descubrir la presencia de Dios y sus favores que iluminan nuestra vida.

[49] He venido a traer fuego. ¿Será necesario pensar que el fuego se refiere a algo preciso, como sería el amor, el Evangelio o el don del Espíritu Santo? Mejor nos quedamos con la figura del fuego que purifica, que quema todo lo viejo, que da calor y fomenta la vida. Fuego del juicio de Dios, destructor de todo aquello que no puede someterse a su acción reformadora. Jesús viene para rehacer el mundo y sacar de sus escombros las joyas que quedarán para la eternidad. Los que siguen a Jesús deben participar en esa obra de salvación de una historia que se ha hecho en base a trabajos, violencia, sufrimientos y grandes sueños, locos o sabios. He de recibir un bautismo (50). Jesús es a la vez el jefe y el primero de los que van a enfrentar la muerte como el medio para alcanzar la resurrección. Este paso tan angustioso para Jesús como para nosotros es el bautismo de fuego (ver Lc 3,16), que nos introduce a la vida gloriosa y definitiva. Este es el verdadero bautismo, del que los demás, ya sean de agua o del Espíritu, no son sino la preparación (Rom 6,3-5).He venido a traer la división. Siguen las palabras de Jesús, tan desconcertantes para los que buscan junto a él la tranquilidad. Jesús divide a las naciones (ver comentario de Jn 10,1-4), a las familias y a los grupos sociales. Muchas veces se quiso hacer de la religión el cimiento de la unidad nacional o de la paz familiar. Es verdad que la fe es factor de paz y comprensión, pero también aparta al que vive en la verdad de aquellos, hermanos o amigos suyos, que no pueden compartir todo lo que ahora es más importante para él. Las heridas y el escándalo tan dolorosos de esta separación son la verdadera causa de muchas persecuciones. Es que el Evangelio no encamina este mundo hacia un paraíso terrenal, sino que lo hace madurar. La muerte de Jesús pone en plena luz lo que estaba escondido en los corazones (Lc 2,35); asimismo pone de manifiesto la mentira y la violencia que mueven a nuestras sociedades, tal como pasó en torno a él en la sociedad judía de su tiempo.

[54] Cuando ustedes ven una nube. Los signos que se manifiestan en torno a Jesús son suficientes para que todos puedan entender que ésta es la hora anunciada por los profetas, en que los hombres deben convertirse e Israel reconocer a su Salvador; mañana será ya tarde (v. 57-59). Mientras vas donde las autoridades con tu adversario (58). Mateo aplica esta comparación a la reconciliación fraterna (5,23). Aquí, en cambio, Lucas la refiere a nuestra conversión. Estamos en marcha hacia el juicio de Dios, y eso es como ir ante las autoridades; por lo tanto, no perdamos esta oportunidad de salvarnos creyendo en el mensaje de Cristo.

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