miércoles, 2 de enero de 2008

Salmo 52 (51), 1 - 11

[3] ¿Por qué de tu maldad te jactas tanto tú que te sientes fuerte en tu injusticia [4] y meditas en crímenes todo el día? Una navaja afilada es tu lengua, hacedor de imposturas. [5] Amas el mal más que el bien, prefieres la mentira a la verdad. [6] Lengua embustera, que te gusta lanzar toda palabra que hace mal. [7] Por eso Dios te aplastará, te va a tomar y echarte de tu tienda, te extirpará de la tierra de los vivos. [8] Los buenos lo verán y temerán y dirán riéndose de él: [9] "Miren al hombre que no hizo de Dios su fortaleza, sino que confió en sus muchas riquezas y se encastilló en su crimen". [10] Pero yo quiero ser olivo vigoroso en la casa de Dios, en el amor de Dios yo me confío para siempre jamás. [11] Te alabaré por todo lo que has hecho, tu Nombre será siempre mi esperanza, porque eres bueno, Señor, con los que te aman.

[1] El salmista le pide a Dios que castigue a un opresor. La caída de un sistema injusto es una manifestación de la justicia de Dios, pero sabemos también que no existe el partido de los buenos frente al de los malos.

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