Isaías 49, 1 - 26

YAVÉ ME LLAMÓ DESDE EL VIENTRE DE MI MADRE

[1] Escúchenme, islas lejanas, pongan atención, pueblos. Yavé me llamó desde el vientre de mi madre, conoció mi nombre desde antes que naciera. [2] Hizo de mi boca una espada cortante y me guardó debajo de su mano. Hizo de mí una flecha puntiaguda que tenía escondida entre las otras. [3] El me dijo: «Tú eres mi servidor, Israel, y por ti me daré a conocer.» [4] Mientras que yo pensaba: «He trabajado en balde, en vano he gastado mis fuerzas, para nada.» Yavé, sin embargo, protegía mis derechos, mi Dios guardaba mi salario, pues soy importante para Yavé, y mi Dios e hizo mi fuerza. [5] Y ahora ha hablado Yavé, que me formó desde el seno materno para que fuera su servidor, para que le traiga a Jacob y le junte a Israel: [6] «No vale la pena que seas mi servidor únicamente para restablecer a las tribus de Jacob, o traer sus sobrevivientes a su patria. Tú serás, además, una luz para las naciones, para que mi salvación llegue hasta el último extremo de la tierra.

» EN EL MOMENTO OPORTUNO TE ATENDERÉ

[7] Esto dice Yavé, el redentor y el Santo de Israel, al esclavo de los tiranos, al que es despreciado de todos y al que las naciones aborrecen: «Los reyes, al ver lo que suceda, se levantarán, y los príncipes se inclinarán; porque el Santo de Israel, que te eligió, Yavé, ha cumplido su palabra.» [8] Yavé te asegura: En el momento oportuno te atendí, al día de la salvación, te socorrí. Quise que fueras la alianza del pueblo, que reconstruyeras el país, y entregaras a sus dueños las propiedades destruidas, [9] Dirás a los prisioneros: «¡Salgan!», a los que están en la oscuridad: «Salgan a la luz.» A lo largo del camino pastarán y no les faltará el pasto ni en los cerros pelados. [10] No padecerán hambre ni sed, y no estarán expuestos al viento quemante ni al sol; pues el que se compadece de ellos los guiará y los llevará hasta donde están las vertientes de agua. [11] Haré caminos a través de las montañas y pavimentaré los senderos.. [12] Y ahora vuelven del país lejano, otros del Norte y del Oeste, aquéllos del Sur de Egipto.

CUANDO TU MADRE TE OLVIDE

[13] ¡Cielos, griten de alegría! ¡Tierra, alégrate! Cerros, salten y canten de gozo porque Yavé ha consolado a su pueblo y se ha compadecido de los afligidos. [14] Y Sión decía: «Yavé me ha abandonado y el Señor se ha olvidado de mí.» [15] Pero, ¿puede una mujer olvidarse del niño que cría, o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque alguna lo olvidase, yo nunca me olvidaría de ti. [16] Mira cómo te tengo grabada en la palma de mis manos. y nunca dejé de pensar en tus murallas: [17] ya llegan tus reconstructores, mientras que tus demoledores y los que te arruinaron se van. [18] Levanta tus ojos y mira en tu derredor: todos se juntan y vuelven a ti. Por mi vida, dice Yavé, que todos ellos serán como tu traje de gala y los lucirás como una novia. [19] Pues tus lugares abandonados, tus ciudades destruidas y tu país arruinado se harán estrechos para tantos habitantes, mientras que tus destructores se habrán ido. [20] De nuevo te dirán al oído tus hijos, a los que nunca pensabas recuperar: «Ese sitio se ha hecho chico para mí, dame otro donde pueda levantar mi casa.» Tú entonces te preguntarás: [21] «¿Quién me habrá dado a luz a toda esta gente? Pues yo estaba sin hijos y no los podía tener, estaba abandonada, en el exilio, ¿quién me los habrá criado? Porque yo había quedado sola. Y éstos, ¿de dónde vienen ahora?» [22] El Señor Yavé te responde de esta manera: Hago señas con la mano a las naciones y levanto mi bandera para que la vean los pueblos. Te traerán a tus hijos en brazos y a tus hijas sobre los hombros. [23] Los reyes serán tus padres adoptivos y sus princesas tus niñeras. Se agacharán delante de ti hasta tocar el suelo y besarán el polvo de tus pies. Entonces tú sabrás que Yo soy Yavé; y que nunca defraudo a los que esperan en mí. [24] ¿Se le puede quitar su parte a un soldado o escapársele su prisionero al vencedor? [25] Sí, afirma Yavé: Le arrebatarán su prisionero al soldado y dejarán sin su parte al vencedor. Al que contienda contigo, con él yo pelearé, y yo mismo salvaré a tus hijos. [26] A tus opresores los haré comer su propia carne. y se emborracharán con su sangre como si fuese vino. Y todo mortal sabrá que yo, Yavé, soy tu Salvador y que tu Redentor es el Campeón de Jacob.

[1] Este canto se refiere, como 42,1-9, a un servidor de Dios, pero, esta vez, lo llama Israel (49,3). No se trata del pueblo de Israel en su conjunto, pues en 49,5 su misión es reunir a ese pueblo de Israel. A lo mejor, con este nombre designa la minoría más creyente del pueblo judío desterrado, esas comunidades que, en Babilonia, mantienen viva la esperanza en Yavé salvador. Ellas son el verdadero Israel que traerá, a su pueblo primero, y luego, al mundo entero (49,6), la luz de la salvación. Llamado por Dios desde el seno de su madre como Jeremías (ver Jer 1,1), y como lo serán más tarde Juan Bautista y Pablo. Se compaginan la designación misteriosa de Dios, que llama a una persona determinada a un papel excepcional, y la respuesta de éste, que acepta su misión.-- Hombre de la Palabra: como Jeremías, cuyas palabras destruían a las naciones, sus palabras serán la espada vencedora. El es el último recurso, la flecha reservada por la cual Yavé vencerá.-- Siervo de Yavé, totalmente entregado a su misión, que se cansó y aparentemente no tuvo éxito hasta que Yavé diera fruto a sus trabajos. Estas pruebas serán más detalladas en los otros dos poemas.-- Designado para una misión universal, a diferencia de los profetas, que hasta entonces solamente reunían a las tribus de Israel. Nótese la fe extraordinaria del profeta que escribió estas líneas. Viviendo en el tiempo del exilio, anuncia la venida entre los suyos del que dará la luz a todos los pueblos. Es fácil ver que este texto se aplica también a Jesús de manera personal: así fue como lo entendieron los apóstoles .El es la palabra de Dios, espada afilada (ver Hebreos 4,12 y Ap 19,5).El es el siervo obediente que fue humillado y que Dios glorificó (Fil 2,8).También Pablo se aplica a sí mismo estos versos: Gál 1,15; He 13,47; 2 Cor 10,4; 12,8.Pero esta doble interpretación personal y colectiva no tiene por qué asombrarnos: el único Salvador no es nunca un salvador solo. Jesús quiso formar un cuerpo con esa minoría que cree, que sufre y persevera, preparando la salvación del mundo.

[7] El amor de madre de Yavé para con su pueblo. Lo saca de la desesperación y del desprecio. Reconstruye Jerusalén y reúne a los dispersos. Atrae a todas las naciones para que vengan a reconocer la ciudad verdadera. Aquí Dios se dirige una vez más a las minorías más conscientes de Israel, a los que no renegaron de su ideal ni de sus esperanzas cuando estaban perdidos en la ciudad grande, rica -y pagana- de Babilonia. Ellos levantarán a su pueblo y serán la luz del mundo. Estas promesas empezaron a cumplirse cuando los judíos, de vuelta a su tierra, se hicieron los misioneros del Dios único en todos los países del mundo griego y sirio. Luego iban a tomar un significado nuevo para la Iglesia, que Cristo fundó como una nueva Jerusalén. Esta parece a veces muy decaída y sin vida; y también ocurre que desaparece en tal o cual lugar del mundo. Dios, sin embargo, le reserva nuevos hijos que vendrán de otros continentes. Nos invita a mirar más allá de nuestras comunidades hacia los que todavía no han recibido el anuncio del Reino de Dios.

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