Hechos 14, 1 - 28

EVANGELIZACIÓN DE ICONIO

[1] En Iconio ocurrió lo mismo. Pablo y Bernabé entraron en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que un gran número de judíos y griegos abrazaron la fe. [2] Pero entonces los judíos que se negaron a creer excitaron y envenenaron los ánimos de los paganos contra los hermanos. [3] Con todo, permanecieron allí un buen número de días. Predicaban sin miedo, confiados en el Señor, el que confirmaba este anuncio de su gracia con las señales milagrosas y los prodigios que les concedía realizar. [4] La población de la ciudad se dividió, unos a favor de los judíos y otros a favor de los apóstoles. [5] Un grupo compuesto de paganos y judíos con sus jefes al frente, se preparó para ultrajar y apedrear a los apóstoles. [6] Ellos, al enterarse, huyeron a la provincia de Licaonia, a las ciudades de Listra, Derbe y alrededores, [7] donde se quedaron evangelizando. EN LISTRA Y DERBE [8] Había en Listra un hombre tullido, que se veía sentado y con los pies cruzados. Era inválido de nacimiento y nunca había podido caminar. [9] Un día, como escuchaba el discurso de Pablo, éste fijó en él su mirada y vio que aquel hombre tenía fe para ser sanado. [10] Le dijo entonces en voz alta: «Levántate y ponte derecho sobre tus pies.» El hombre se incorporó y empezó a caminar. [11] Al ver la gente lo que Pablo había hecho, comenzó a gritar en la lengua de Licaonia: «¡Los dioses han venido a nosotros en forma de hombres!» [12] Según ellos, Bernabé era Zeus y Pablo Hermes, porque era el que hablaba. [13] Incluso el sacerdote del templo de Zeus que estaba fuera de la ciudad trajo hasta las puertas de la misma toros y guirnaldas y, de acuerdo con la gente, quiso ofrecerles un sacrificio. [14] Al escuchar esto, Bernabé y Pablo rasgaron sus vestidos para manifestar su indignación y se lanzaron en medio de la gente gritando: [15] «Amigos, ¿qué hacen? Nosotros somos humanos y mortales como ustedes, y acabamos de decirles que deben abandonar estas cosas que no sirven y volverse al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos. [16] El permitió en las generaciones pasadas que cada nación siguiera su propio camino, [17] pero no por eso dejó de manifestarse, pues continuamente derrama sus beneficios. El es quien desde el cielo les da las lluvias, y los frutos a su tiempo, dando el alimento y llenando los corazones de alegría.» [18] Aun con estas palabras, difícilmente consiguieron que el pueblo no les ofreciera un sacrificio, y que volvieran cada uno a su casa. [19] Se quedaron allí algún tiempo enseñando. Luego llegaron unos judíos de Antioquía e Iconio y hablaron con mucha seguridad, afirmando que no había nada de verdadero en aquella predicación, sino que todo era una mentira. Persuadieron a la gente a que les dieran la espalda y al final apedrearon a Pablo. Después lo arrastraron fuera de la ciudad, convencidos de que ya estaba muerto. [20] Pero sus discípulos se juntaron en torno a él, y se levantó. Entró en la ciudad, y al día siguiente marchó con Bernabé para Derbe.

VUELVEN A ANTIOQUÍA [21] Después de haber evangelizado esa ciudad, donde hicieron muchos discípulos, regresaron de nuevo a Listra y de allí fueron a Iconio y Antioquía. [22] A su paso animaban a los discípulos y los invitaban a perseverar en la fe; les decían: "Es necesario que pasemos por muchas pruebas para entrar en el Reino de Dios.» [23] En cada Iglesia designaban presbíteros y, después de orar y ayunar, los encomendaban al Señor en quien habían creído. [24] Atravesaron la provincia de Pisidia y llegaron a la de Panfilia. [25] Predicaron la Palabra en Perge y bajaron después a Atalía. [26] Allí se embarcaron para volver a Antioquía, de donde habían partido encomendados a la gracia de Dios para la obra que acababan de realizar. [27] A su llegada reunieron a la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto las puertas de la fe a los pueblos paganos. [28] Permanecieron allí bastante tiempo con los discípulos.

[1] Las cosas se dieron igual en Iconio. Pablo y Bernabé hablan llenos de seguridad. Este es uno de los signos del verdadero apóstol, inspirado por el Espíritu Santo. Esta seguridad es importante para decidir la conversión de los auditores, pero no es un don natural. Dios es quien inspira, tanto la palabra del apóstol como la respuesta de fe del oyente, muy especialmente en circunstancias difíciles (Véase 1 Tes 2,2 y 2 Cor 12,10).

[8] Una vez que salieron de la ciudad de Iconio, en la que el griego era hablado por muchas personas, nada les facilitaría el contacto. En primer lugar, el problema del idioma; luego, el peso de la religión tradicional. A veces nos parece que debiera haber sido más fácil predicar la fe en un mundo donde todos tenían una religión y por tanto una fe en Dios. Pero eso es un error. Cualquiera que tuviera una religión estaba sometido a la autoridad indiscutible de las costumbres y tradiciones sociales ligadas a esa religión. Uno estaba encerrado en un sistema de relaciones interesadas en los dioses, y difícilmente podía adoptar una actitud libre frente a Dios. En cambio, muchas veces, los no creyentes de nuestras sociedades modernas han sido liberados de numerosos prejuicios y confusiones. Pablo vio que aquel hombre tenía fe para ser sanado. Este hombre debía estar aún muy lejos de la fe que reconoce a Jesús como el Cristo y el Hijo de Dios, pero era la misma fe con la que muchos se habían acercado a Jesús. Dios no llama solamente a teólogos, aunque sean necesarios en la Iglesia, sino también a los otros, al «pobre mundo», los cuales deberían sentirse tanto como aquéllos sustancia de la Iglesia. La muchedumbre quedó sorprendida con el milagro, pero es fácil ver que no había comprendido nada. Quiso, una vez más, dar gracias a Dios, que constantemente manifiesta su bondad, pero Pablo no había venido para eso. Luego la situación se dio vuelta, como había ocurrido en Antioquía e Iconio; la presencia de los judíos en cualquier ciudad del Imperio, las comunicaciones estrechas entre sus comunidades, hacían de ellos enemigos temibles desde el momento que los cristianos tenían en su contra a las autoridades centrales de Jerusalén. Los judíos van a perseguir a las comunidades cristianas y a indisponer en su contra a las autoridades romanas hasta la Guerra de los Judíos de los años 66- 70, la que significó la ruina de esa nación. Efectivamente, las dificultades de Listra le ayudaron a Pablo a precisar sus objetivos. Ya no se arriesgará más en esas provincias en las que es difícil darse a entender y en las que se siente fuera de casa. En adelante, evangelizará a las grandes ciudades, situadas en los grandes ejes, y a los puertos, y dejará a otros el cuidado de propagar el Evangelio más al interior.

[21] Derbe es el final de la misión. Pablo y Bernabé regresan por donde habían venido, visitando las comunidades que habían establecido en el continente. Luego toman el barco para Antioquía sin retornar a la isla de Chipre. La Iglesia de la época no tenía ni parroquias ni clero ni instituciones. El apóstol debió pues organizar la Iglesia de tal manera que pudiera continuar. Así como las comunidades judías tenían líderes llamados Ancianos (o presbíteros), así también los cristianos iban a ser dirigidos por ancianos, que también presidían la eucaristía (Véase el comentario de 13,1).En esas asambleas cada uno compartía con los demás sus propios dones espirituales (véase 1 Cor 12-14). La comunidad tiene como libros los de la Biblia judía: el Antiguo Testamento. Los profetas de la Iglesia (He 13,1) sacan de ese libro nuevas lecciones: descubren en él un anuncio del Cristo. De vez en cuando, apóstoles o profetas que vienen de otras partes visitan las comunidades. Así pues comprendemos que una misión no ha alcanzado su objetivo hasta que haya logrado formar comunidades de personas adultas con sus propios líderes y con la participación de todos sus miembros.

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