Éxodo 2, 1 - 25

MOISÉS SALVADO DE LAS AGUAS [1] Un hombre de la tribu de Leví se casó con una niña de su misma tribu. [2] La mujer quedó esperando y dio a luz un hijo, y viendo que era hermoso, lo tuvo escondido durante tres meses. [3] Como no podía ocultarlo por más tiempo, tomó un canasto de papiro, lo recubrió con alquitrán y brea, metió en él al niño y lo puso entre los juncos, a la orilla del río Nilo. [4] La hermana del niño se quedó a cierta distancia para ver lo que le pasaba. [5] En eso bajó la hija de Faraón al Nilo, y se bañó mientras sus sirvientas se paseaban por la orilla del río. Al divisar el canasto entre los juncos, envió a una criada a buscarlo. [6] Lo abrió y vio que era un niño que lloraba. Se compadeció de él y exclamó: «¡Es un niño de los hebreos!» [7] Entonces la hermana dijo a la hija de Faraón: «Si quieres, yo buscaré entre las hebreas, y me pondré al habla con una nodriza para que te críe este niño.» [8] «¡Ve!», le contestó la hija de Faraón. [9] Así que la joven fue y llamó a la madre del niño. La hija de Faraón le dijo: «Toma este niño y críamelo, que yo te pagaré.» Y la mujer tomó al niñito para criarlo. [10] Habiendo crecido el niño, ella lo llevó a la hija de Faraón, y pasó a ser para ella como su hijo propio. Ella lo llamó Moisés, pues, dijo, «lo he sacado de las aguas.

» MOISÉS DESCUBRE A SU PUEBLO [11] Tiempo después, siendo Moisés ya mayor, se preocupó por sus hermanos y entonces fue cuando comprobó sus penosos trabajos. Le tocó ver cómo un egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos. [12] Miró a uno y otro lado, y como no viera a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. [13] Al día siguiente salió de nuevo, y esta vez dos hebreos estaban peleando. Moisés dijo al culpable: «¿Por qué le pegas a tu compañero?» [14] Y él le contestó: «¿Quién te ha puesto de jefe y juez sobre nosotros? ¿Y por qué no me matas como mataste al egipcio?» Moisés tuvo miedo, pues pensó: «Este asunto ya se sabe.» [15] De hecho, le llegó la noticia a Faraón y buscó a Moisés para matarlo, pero Moisés huyó de la presencia de Faraón y se fue a vivir al país de Madián. Allí se sentó junto a un pozo.

ESTADIA DE MOISÉS EN MADIÁN [16] Vinieron una niñas para sacar agua, eran las siete hijas de un sacerdote de Madián. Como llenaran las piletas para dar de beber a las ovejas de su padre, [17] llegaron unos pastores y las echaron. Entonces Moisés salió en su defensa, y dio de beber al rebaño. [18] Al volver ellas donde su padre Ragüel, éste les dijo: «¿Cómo es que hoy han venido tan pronto?» [19] Ellas contestaron: «Un egipcio nos ha defendido de los pastores y además nos sacó agua y dio de beber al rebaño.» [20] Ragüel preguntó: «¿Y dónde está? ¿Por qué no han traido aquí este hombre? Díganle que venga a comer.» [21] Moisés aceptó quedarse con aquel hombre, quien le dio por esposa a su hija Séfora. [22] Y como diera a luz un hijo, Moisés lo llamó Guersón, pues dijo: Soy forastero en tierra extraña.

LA HORA DE DIOS [23] Durante este largo período murió el rey de Egipto. El pueblo de Israel sufría bajo la esclavitud. Gritaban, y su grito subía desde los lugares de trabajo hasta Dios. [24] Oyó Dios sus lamentos, y se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob. [25] Y miró Dios con bondad a los hijos de Israel, y los atendió.

[1] La liberación del pueblo hebreo empieza con un acto sencillo, solitario, el de esta madre que para salvar a su hijo arriesga su propia vida. Es la manifestación del amor materno. Es el acto de rebeldía de una conciencia que no acepta una ley inhumana. Es el acto de fe de la madre que presiente el porvenir maravilloso que Dios abre a una vida nueva, y que, al mismo tiempo, sabe que los hijos son la esperanza de su pueblo (Hebreos 11,21). Las mismas certezas y la misma fe inspiran a las madres que hoy se niegan al aborto. Los historiadores explican que los detalles de este relato provienen de la leyenda del rey Sargón, salvado de las aguas cuando era niño. En efecto es muy probable que nada se haya sabido de la infancia de Moisés y que la historia de la canasta encontrada entre los juncos haya sido sólo una manera graciosa de decir que la Providencia de Dios había velado por su destino. Moisés había escapado a la suerte asignada a los niños hebreos y había aterrizado en el mundo muy cerrado de los privilegiados de la cultura. El que iba a libertar a los esclavos debía saber lo que era la libertad, habiendo gozado de ella; pues ellos ni siquiera conocían la palabra libertad.

[11] Moisés llevaba vida de príncipe. Sin embargo, sale al encuentro de sus hermanos de condición inferior. Comprobó sus penosos trabajos y vio... No hizo como tantos privilegiados de la cultura que ya no se sienten solidarios de su pueblo: evasión de los capitales, fuga de los cerebros. No cerró los ojos voluntariamente, como aquellos que reniegan de su familia humilde o dejan de solidarizar con sus compañeros para ser admitidos en un ambiente superior. Léase Heb 11,25 «Por la fe Moisés se negó a ser llamado hijo de una hija del faraón. Prefirió compartir los malos tratamientos con el pueblo de Dios, antes que conocer el goce pasajero del pecado; pues estimaba la humillación de Cristo más preciosa que los tesoros de Egipto. »Asimismo el que, pudiendo compartir la suerte de los privilegiados, prefiere ponerse al servicio de los humildes, se hace, aun sin saberlo, seguidor de Cristo. Pero al día siguiente Moisés descubre otro aspecto del mal: sus hermanos no son víctimas inocentes. La opresión que padecen tiene algo que ver con la violencia, la maldad y la irresponsabilidad que existen entre ellos. No son respetados por los egipcios, pero tampoco se preocupan por merecer que los respeten. Esta vez Moisés no sabe qué hacer y prefiere huir. La Biblia valoriza todo esfuerzo que se haga en pro de la dignidad del hombre, tan como el esfuerzo de los jóvenes y trabajadores por una participación más activa en la construcción de su porvenir. Pero las liberaciones que vienen de Dios, no sólo nos liberan de las estructuras de opresión sino que al mismo tiempo despiertan en nosotros la conciencia de nuestro propio pecado.

[16] Pastor en el desierto, Moisés vuelve a la vida ruda, pobre y libre que había sido la de Abraham. Y vive entre los madianitas que son más o menos descendientes del padre de los creyentes (Génesis 25,2). Así, pues, Moisés recibe de su suegro Ragüel, que será llamado también Jetró (3,1), las tradiciones sobre Abraham y su fe en Dios.

[23] Gritaron, y su clamor subió hasta Dios. A veces los hombres no tienen ánimo ni siquiera para esperar en Dios. Pero, aunque hayan olvidado sus promesas, Dios no las olvida. Pero hay como demoras de Dios (2 Mac 6,12; Ha 1,2; Sir 35,19; Sal 44; Mc 4,26; Lc 18,1; Ap 6,11), y no lograremos cualquier cosa en cualquier momento, a pesar de que podemos apresurar la hora de Dios (He 1,7 y 2 Pe 3,12).

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